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Sonata alegre de domingo

Sonata alegre de domingo, porque el día invita a ser optimista sin dejar de lado la perspectiva de la gris realidad. Este amor que no se puede resumir con palabras, contenido en la forma de un poema, trae los aromas de las flores del estío, de las rosas que amarillan en sus pétalos. Las calles no se acostumbraron al trasiego de la ciudad de gentes ocupadas. Sin embargo, cada pequeño paraíso que se construye al albor de un fragmento de recuerdo enarbola la bandera de los días, de esta patria venida a menos pero necesaria llamada alegría.

Me preguntas quién soy

Me preguntas quién soy, cuando descuelgas el teléfono, cómo si no lo supieras. Me preguntas quién soy, pero ese alguien al que interrogas no es una persona muy diferente a la que conociste años ha. Porque aunque la experiencia nos transforma, el aprendizaje nos convierte, mantenemos la esencia y nos purificamos del dudoso ser que buscaba, sin mucho acierto, fragmentos de amor en la tarde en que llegaste a mí. Me preguntas quién soy, y sabes de sobra que soy un ser distraído, que se entusiasma con las páginas de un libro, o con el vuelo de los pájaros en otoño.

Querida ausente (xii)

Querida ausente: Te sigo pensando de manera similar a como te he recordado todo este tiempo. Quisiera que vinieras conmigo a pasar la tarde, y que juntos fuéramos envueltos por el manto de la oscuridad cuando la noche hace acto de presencia en un escenario ciudadano sin espectadores. Pero quizás hoy no es el día, y tendrás invitados a cenar. En mi soledad yo te compongo estrofas. La luz blanca y azulada del tubo fluorescente ilumina estos versos en los que no cabe tanta belleza como la que tú tienes pero sí cabe el ritmo. Verás que no seré mendigo de amor, por más que escriba, por más que añore tus ojos fríos y distantes en algunas ocasiones, cálidos y acogedores en otras tantas cuyo fervor prevalece, pero siempre habrá un motivo: una hoja del calendario, un día de lluvia, un sol apagado, o una luna efervescente. Te habrás preguntado a veces quién soy realmente. Si mis poemas traducen el mapa interno de mi conducta, pero ellos son la ...

No me hables como a un extraño

No me hables como a un extraño, no me mires como a un extraño, no me hieras como a un extraño, no me difames como a un extraño, no me tortures como a un extraño, no me abandones como a un extraño.

respuestas adicionales

en esta dinámica no preciso respuestas adicionales a las preguntas de siempre porque éstas cambiaron a ser las preguntas de ahora pero éstas tampoco necesitan más respuestas porque son retóricas y me contento con contarte qué forma tiene un sentimiento o hablarte sobre la lógica mundana e inexacta

los hijos del agobio

los hijos del agobio siempre tuvimos la cuesta hacia arriba nunca tuvimos gran cosa la imaginación era nuestro tesoro cotidiano que si unos cartones un cubo de ropa los castillos de tambores de detergente la pelota en el cuarto de planchar y si jugábamos con pinzas o si leíamos o si nos poníamos a pintar los hijos del agobio nos relájabamos porque sabíamos que nuestro futuro ya era gris con antelación por eso no hacíamos grandes proyectos ni grandes viajes ni era nuestro el reloj de la comunión por las calles del barrio corríamos cuando se podía algunos vivíamos aislados del tumulto de los niños y cuando los mayores dictaminaban los toques de queda nos recogíamos a nuestros conventos de clausura crónicas de la oscuridad y lejanía

Claudio ama a Rosella

Claudio ama a Rosella y en los foros vecinales hace alarde de gallardía, confianza y pundonor, es gallo que no se amilana, frente a ningún señor. Mas a veces en el cálculo refinado, resbala y de pronto viene el desatino, Rosella se lo recrimina secretamente, y después beben del vino que se fabrica en las barricas de roble más allá de los naranjales. Claudio vive temeroso. Rosella es su amor gigantesco, su periodo vital dichoso y no quiere por nada del mundo pensar que esa situación vaya a cambiar porque aunque tiene nombre de emperador en el fondo es un tipo corriente mondo y lirondo, que como tú y como yo aspira a viajar al mar con una sonrisa y que el ruído de las gaviotas nos recuerde la brisa, que en la orilla las algas sean verdes y que juntos  se hundan para el sueño eterno enterrados en montañas de sal.