los hijos del agobio
los hijos del agobio
siempre tuvimos la cuesta hacia arriba
nunca tuvimos gran cosa
la imaginación era nuestro tesoro cotidiano
que si unos cartones
un cubo de ropa
los castillos de tambores de detergente
la pelota en el cuarto de planchar
y si jugábamos con pinzas
o si leíamos
o si nos poníamos a pintar
los hijos del agobio
nos relájabamos
porque sabíamos
que nuestro futuro
ya era gris con antelación
por eso no hacíamos grandes proyectos
ni grandes viajes
ni era nuestro el reloj de la comunión
por las calles del barrio
corríamos cuando se podía
algunos vivíamos aislados
del tumulto de los niños
y cuando los mayores dictaminaban
los toques de queda
nos recogíamos
a nuestros conventos de clausura
crónicas de la oscuridad
y lejanía
siempre tuvimos la cuesta hacia arriba
nunca tuvimos gran cosa
la imaginación era nuestro tesoro cotidiano
que si unos cartones
un cubo de ropa
los castillos de tambores de detergente
la pelota en el cuarto de planchar
y si jugábamos con pinzas
o si leíamos
o si nos poníamos a pintar
los hijos del agobio
nos relájabamos
porque sabíamos
que nuestro futuro
ya era gris con antelación
por eso no hacíamos grandes proyectos
ni grandes viajes
ni era nuestro el reloj de la comunión
por las calles del barrio
corríamos cuando se podía
algunos vivíamos aislados
del tumulto de los niños
y cuando los mayores dictaminaban
los toques de queda
nos recogíamos
a nuestros conventos de clausura
crónicas de la oscuridad
y lejanía
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