Que no cunda el pánico, que no canda el púnico, viva el reir ya está aquí, con su ejército de risa insondable. A Usted señora que arruga la cara, a Usted señor que aprieta el hocico, abran su mente por un minutico, abran las compuertas de su risa, pero cuidado... ¡No se ensucien la camisa que hoy es día de guardar, vaya a ser que les regañe el cura durante la homilía, o algún gendarme de ésos, guardián de la sociedad de costumbres! Niños y Niñas, Viejos y Viejas, testarudos y testarudas, amables y sinceros, viva el reir se presenta con su discurso macilento, contra la costra indolente, contra el aburrimiento. Si Usted piensa que este es un circo patético, reflexionen por un momento y vean la imagen de un niño esquelético. Somos mercenarios de la broma, espías del chiste, y a todos y todas les entregamos nuestro despiste ante tamaño invento. Viva el reir con su música. Vivan los bailes lentos.