Claudio ama a Rosella

Claudio ama a Rosella
y en los foros vecinales
hace alarde de gallardía,
confianza y pundonor,
es gallo que no se amilana,
frente a ningún señor.

Mas a veces en el cálculo refinado,
resbala y de pronto
viene el desatino,
Rosella se lo recrimina secretamente,
y después beben del vino
que se fabrica
en las barricas de roble
más allá de los naranjales.

Claudio vive temeroso.
Rosella es su amor gigantesco,
su periodo vital dichoso
y no quiere por nada del mundo
pensar
que esa situación vaya a cambiar
porque
aunque tiene nombre de emperador
en el fondo
es un tipo corriente mondo y lirondo,
que como tú y como yo
aspira
a viajar al mar
con una sonrisa
y que el ruído de las gaviotas
nos recuerde la brisa,
que en la orilla
las algas sean verdes
y que juntos 
se hundan
para el sueño eterno
enterrados
en montañas de sal.

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