Querida ausente (xii)

Querida ausente:

Te sigo pensando
de manera similar
a como te he recordado
todo este tiempo.

Quisiera que vinieras
conmigo a pasar la tarde,
y que juntos fuéramos
envueltos por el manto
de la oscuridad
cuando la noche
hace acto de presencia
en un escenario ciudadano
sin espectadores.

Pero quizás
hoy no es el día,
y tendrás invitados a cenar.
En mi soledad
yo te compongo estrofas.
La luz blanca y azulada
del tubo fluorescente
ilumina
estos versos
en los que no cabe
tanta belleza
como la que tú tienes
pero sí cabe
el ritmo.

Verás que no seré mendigo
de amor,
por más que escriba,
por más que añore tus ojos
fríos y distantes
en algunas ocasiones,
cálidos y acogedores
en otras tantas cuyo
fervor prevalece,
pero siempre habrá un motivo:
una hoja del calendario,
un día de lluvia,
un sol apagado,
o una luna efervescente.

Te habrás preguntado
a veces quién soy realmente.
Si mis poemas
traducen
el mapa interno de mi conducta,
pero ellos son la dulce manta
donde me refugio
en mis cuarteles de invierno.

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