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Pese a todo, continuaré

Pese a todo, continuaré esta senda que inicié. Pues no hay más honor que el de luchar por las personas que nos hacen felices y que llenan nuestro corazón no sólo de palabras.

No le pregunté a la musa

No le pregunté a la musa si quería inspirar la canción, pero ésta vino sola, inauguró una emoción. En mis días, entre otros asuntos, sus ojos y su sonrisa me daban la poca alegría que colmaba la sed del caminante.  En mis tardes, era luz del atardecer que bañaba las calles y la ciudad se quedaba a un lado, respetuosa e inmóvil.  En mis noches era la reina de un mundo compuesto de afecto, deseo, escaso artificio y alguna fantasía no realizada. Tras el adiós en el jardín, mi mente la perseguía entre sombras de recuerdos y casi-recuerdos. Ahora que todo se regenera y se recoloca, supongo que ella sigue siendo todo lo que intuía, pero ahora su imagen, tras el espejo, tiene una dimensión más real. Es puerto donde mis barcos navegan. Es brisa que envuelve a otra brisa. Es melodía que construye otra melodía aunque esté ausente. Es abrazo, es fruta, es tormenta, ola en un mar incandescente, llama que fulge más allá del hielo del invierno. 

Por las calles del centro

Por las calles del centro, la soledad pasea con traje de fiesta, y hay autobuses nocturnos que llevan a borrachos y gentes que trazan líneas desmedidas. La ciudad conoce del exceso y también de la alegría de los habitantes de esta tierra que siguen siendo felices a pesar de lo poco que tienen. La civilización de plástico que todo lo convierte al plástico ha dejado el origen de lo auténtico a un lado y ha convertido este tiempo es un panfleto publicitario. Por eso, es bueno salirse de la pauta de la mercadotecnia establecida y escribir por otro lado siguiendo lo que decía Juan Ramón Jiménez.

Amor, no te dejes enfriar

Sólo si hay llama de amor, vuelve la esencia. Manolo Garcia. Éramos En lo más profundo del invierno, descubrí dentro de mí un invencible invierno Albert Camus  Amor, no te dejes enfriar por el clima de un enero que es copia de sí mismo, ni por aquellos profetas que vaticinan el cataclismo y la catástrofe. Porque en el invierno largo decidimos confiar en el tiempo cálido que nos vendrá dado sin temer en lo que ocurrirá. El verano infatigable sin culpa ni freno, sin hielo que congele el júbilo, donde la tierra nos reciba como dos viajeros que fluyeran como barcos que unidos atravesaran un río hasta llegar al redentor mar, fiesta de los sentidos.

Liebe, ich habe Sehnsucht nach dir

Liebe, ich habe Sehnsucht nach dir. Ich möchte dir nur in die Augen zu schauen als ob die Zeit nicht stehengeblieben war. Ich dachte, es gab hellen Pferden, in der Nacht laufen. Dann, die Seele ist eine Insel wo die Tieren das glasklares Wasser trinken. Die Uhr hat gestoppt. Ich gab dir gestern eine rote Rose weil diese Liebe geendet nicht hat trotz der Familienplanung. Ich vertraue in der Zukunft. Wir werden noch einmal glauben ins Licht hinter dem Tunnel des Jahres. Wir sind die Kinder der Dunkleheit, die aufgegeben nicht haben. Liebe, ich habe Sehnsucht nach dir.

La cena se nos enfrió

No hay sitio a la reconciliación en el mejor de los casos  Rosendo Mercado (Y dale)  La cena se nos enfrió y ahora ya no hay motivos ni argumentos para una reconciliación. No hay dogmas de fé posibles, ni vendremos a contar las cuatro verdades del barquero, pero duele ver fotografías antíguas con la perspectiva de hoy, por ver todo lo que dejamos atrás, aceptando que en ocasiones se vivió una farsa bajo el supuesto improrrogable de la salvación de la especie. Ardió Roma, tras el intento de cambiar Madrid por Berlín como ciudad de residencia pero no fué el único intento que dió al traste con nuestra pequeña aventura que comenzó en el 1999. ¿Qué buscamos tras el sendero que se abre? ¿Qué vimos venir tras la señal del elefante blanco? Buscar culpables es un error. Aprender del fracaso es una misión. Cuando la cena se enfría, no hay enemigos únicos. De la autocrítica, se desprenden las conclusiones.

Al padre de un amigo que murió joven

A Joaquín Casado hijo y padre La vida nos separó de tu hijo que murió joven tras una larga tristeza. A los que lo conocimos nos queda ese cargo de conciencia de qué podríamos haber hecho por él. A los que lo amamos no pudimos hacer frente a la idea de la imagen de su cuerpo frío y sus labios morados con un correa al cuello, colgando de su ventana. Años más tarde, desde la distancia de el hijo que se fué, se nos va el padre que muere joven por un golpe de corazón. El abrazo a los que quedan, y un ciprés silencioso hace de guardián en la mañana fría de enero. Granada continúa su curso, con sus tranvías, sus hospitales incendiados, y sus grupos de turistas con cámara de fotos al cuello, sus navajeros clandestinos, de faca en ristre, sus ladronzuelos, sus arrabales, los delirios de grandeza del centro, su arquitectura efímera, su mirarse al ombligo sin remedio.