Al padre de un amigo que murió joven

A Joaquín Casado hijo y padre

La vida nos separó
de tu hijo que murió joven
tras una larga tristeza.

A los que lo conocimos
nos queda ese cargo de conciencia
de qué podríamos haber hecho por él.

A los que lo amamos
no pudimos hacer frente a la idea
de la imagen
de su cuerpo frío y sus labios morados
con un correa al cuello,
colgando de su ventana.

Años más tarde,
desde la distancia de el hijo que se fué,
se nos va el padre
que muere joven
por un golpe de corazón.

El abrazo a los que quedan,
y un ciprés
silencioso
hace de guardián
en la mañana fría de enero.

Granada continúa su curso,
con sus tranvías, sus hospitales incendiados,
y sus grupos de turistas con cámara de fotos al cuello,
sus navajeros clandestinos, de faca en ristre,
sus ladronzuelos,
sus arrabales,
los delirios de grandeza del centro,
su arquitectura efímera,
su mirarse al ombligo sin remedio.

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