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Querida ausente (CCXIV)

Me despido de tu ausencia, de tu indiferencia, de la mentira que yacía tras el deseo, de la superioridad con la que te presentas ante mí y para ello, te pago con la misma indiferencia. Adiós.

ojalá te olvide, bien olvidada

Este mundo insolidario retrata una escena como la de esta tarde-noche y mil razones para seguirte olvidando. Después, yo te pregunto cómo estás con el afecto que todavía te guardo y tu desde su afán teatral y tu frialdad germánica respondes que muy bien con una voz en la que intuyo un cierto aire de superioridad que detesto. Buen viento y ojalá te olvide, bien olvidada.

¿Qué importa si Elisa confabula?

Elisa es partidaria de las versiones oficiales. Dice creerlas a pies juntillas y sacar de ellas el provecho que le otorga el beneficio de la duda. Es también practicante de las convenciones, y cuando algo no le encaja, lo deja pasar, porque total para qué. A los que transgreden la norma, y acribillan con una pluma mal enroscada la palabra familia sobre un papel en blanco, ella no los perdona. "¡Se lo buscaron!", dice Elisa juiciosa tomando el último sorbo del té de las cinco, mientras arregla el faldón de la mesa camilla, y sujeta el biombo, última trinchera desde la que refugiarse de las visitas incómodas. ¿Qué importa si Elisa confabula? Se preguntan los protagonistas de sus relatos. Si es normal que desde su vida repleta de escenas propias del costumbrismo español, y la tradición de la zarzuela, todo esté fenomenal y todo sean sonrisas. ¿Quizás ella conozca la crónica gris de ciudades como ésta?

Esa dudosa progresía de barrio

Esa dudosa progresía de barrio, de barbacoa y cerveza en locales del ayuntamiento, jam session, casa encendida, embajadores y la ronda de valencia, de coros y danzas los domingos de guardar, de censura a Afanasiev y a Stravinsky. Progresías de barrio, de estanterías, tornillos y cierres de puertas, huertos irreprobables, cantantes feministas en la portada, ¿por qué no invitamos a la cofradía sevillana del santo coño e invitamos a cantautoras adolescentes a sumarse de una vez por todas? aficionados... procesos participativos con ases en la manga de la moderadora principal. Juan Ramón Jiménez y su contra-doctrina del papel pautado nos ilustra en el camino a seguir. El vino de Málaga entra frío y se nos hace una hoguera en el interior. Esa dudosa progresía de barrio, hipsterismo y buenos alimentos, dios mediante, amén.

A tí, la que ya no espero

Escribo y conforme lo escribo, lo pienso. En este código de ausencia, reside una renuncia y, por tanto, en este vacío que hay entre ambos, cualquier forma de comunicar parece un cable cortado, un camino que hubiera llegado a su fin, una vía donde los trenes sólo descansaran. Es por ésto, que al tú hacer frente común por una causa a todas luces justa, me perjudicabas (para colaborar en esa causa justa) con tu ambigüedad, tus medias tintas, y tus testimonios de huída sin compasión. A tí, la que ya no espero, te escribo no ya tanto desde la lógica de un amante rechazado (Moravia) sino desde la perspectiva de alguien que también establece una renuncia necesaria, después de todo lo entregado. Renuncio a tanta falsedad, a tanta hipocresía, que nos ha rodeado, y sobretodo a ese reciclaje necesario en pos del medio ambiente, ciñéndonos al enemigo único como el cambio climático. Después de todo, y a estas alturas, ¿para qué vas a conjugar el verbo amar c...

Vengo de un país imperfecto

Vengo de un país imperfecto y a la imperfección me dirijo. Hace tiempo mi destino era otro diferente: Ansiaba rozar con los dedos ese premio sólo otorgado a los dioses, semidioses, héroes y protohombres. Pero la perfección se me resistía y la vida cerraba puertas, portones, ventanas enrejadas, de jardines donde el rumor de las aguas de las fuentes fuera la música sigilosa de la calma derivada del cenit de la dicha. Pero toda esa perfección, era una ilusión, un artefacto de un alma en horas bajas, que se resistía a creer en toda la arquitectura de un desencuentro vital. Vengo de un país imperfecto, y la nada es mi expectativa, rescataré los sueños que me quedan en el cajón de los intactos y les sacaré brillo por si prosperan. Ya me despedí de esos lugares donde estaba reservado el derecho de admisión a los imperfectos. Soy materia, soy vida, soy puro animal no domesticado.

Unos versos no garantizan un amor

Sería de ingenuo el pensar que unos versos mantienen un amor o lo hacen perdurar cuando es el propio amor el que hace horas extras si así lo estima oportuno. Es cierto que unos versos no garantizan un amor, ni lo hacen permanecer ni detienen la huída ni la coartada que antecede a la huída, ni la excusa que provoca la coartada que precede a la huída. Es cierto que no tuve la paciencia para escucharte ni para entender del todo lo que tus ojos a veces me intentaban contar pero ... ¡necesitaba tanto contarte lo que yo sentía! Unos versos no garantizan un amor ni lo hacen prisionero en el tiempo, ése no es su cometido. Pero unos versos hablan del amor y a él se entregan incansables.