Escribo y conforme lo escribo, lo pienso. En este código de ausencia, reside una renuncia y, por tanto, en este vacío que hay entre ambos, cualquier forma de comunicar parece un cable cortado, un camino que hubiera llegado a su fin, una vía donde los trenes sólo descansaran. Es por ésto, que al tú hacer frente común por una causa a todas luces justa, me perjudicabas (para colaborar en esa causa justa) con tu ambigüedad, tus medias tintas, y tus testimonios de huída sin compasión. A tí, la que ya no espero, te escribo no ya tanto desde la lógica de un amante rechazado (Moravia) sino desde la perspectiva de alguien que también establece una renuncia necesaria, después de todo lo entregado. Renuncio a tanta falsedad, a tanta hipocresía, que nos ha rodeado, y sobretodo a ese reciclaje necesario en pos del medio ambiente, ciñéndonos al enemigo único como el cambio climático. Después de todo, y a estas alturas, ¿para qué vas a conjugar el verbo amar c...