A tí, la que ya no espero

Escribo y conforme lo escribo,
lo pienso.
En este código de ausencia,
reside una renuncia
y, por tanto,
en este vacío que hay entre ambos,
cualquier forma de comunicar
parece un cable cortado,
un camino que hubiera llegado a su fin,
una vía donde los trenes sólo descansaran.

Es por ésto,
que al tú hacer frente común
por una causa a todas luces justa,
me perjudicabas
(para colaborar en esa causa justa) con
tu ambigüedad, tus medias tintas,
y tus testimonios de huída
sin compasión.

A tí, la que ya no espero,
te escribo
no ya tanto
desde la lógica
de un amante rechazado (Moravia)
sino desde la perspectiva
de alguien que también establece
una renuncia necesaria,
después de todo lo entregado.

Renuncio a tanta falsedad,
a tanta hipocresía,
que nos ha rodeado,
y sobretodo
a ese reciclaje
necesario en pos del medio ambiente,
ciñéndonos al enemigo único como el cambio climático.

Después de todo,
y a estas alturas,
¿para qué vas a conjugar
el verbo amar conmigo
si no puedes llevarlo a cabo,
si no deseas llevarlo a cabo?

¿Para qué voy a conjugar el verbo amar contigo
si no puedo llevarlo a cabo,
si me faltan ganas ya para adorarte
en tu dimensión terrena?

Mejor descansar
de adorar a la nada,
de una vez por todas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Un cuento serbio en verso (la oscura moral del antihéroe)

Construiremos algo nuevo