Por caminos de invierno (y dos)
El invierno es el pretexto para iniciar un poema y éste arranca con una pregunta: ¿Qué será de nosotros cuando todo sea asfalto? Cuando no haya hielo sobre la tierra, ni haya arena, cuando el macilento cielo sobre los tejados sea sólo un manto asfixiante, y el tibio sol ocre de una mañana de enero no nos recuerde cómo es vivir de otra manera, cuando no haya un anhelo de una vida mejor. ¿Qué será de nosotros cuando ya no quede nada de nosotros? ¿Qué será de nosotros cuando no nos tengamos con la contrapartida de una palabra de alivio y afecto? ¿Qué será de nosotros cuando tras el vértigo de las azoteas diezmadas no nos podamos recobrar y todo sea sombra en un callejón que dure años? Amanecerá en Babilonia por aquel entonces y sus torres nos protegerán o no, pero amaneceremos.