Asesinato en el jardín de los Schaffer

A Peter Hoffmann le seguían hace tiempo. El matrimonio Schaffer había buscado un detective privado para encontrar pruebas fehacientes del tremendo acoso que sufría Hertha por parte de Peter. El encargado de tal misión, un tal Hans Rechner, que además de dedicarse a este oficio, era fotógrafo profesional, frecuentaba los parques en el que Peter solía sentarse a leer, o a tomar apuntes del susurro de las fuentes, o del trino aterciopelado de los pájaros.
La hija de los Schaffer, Gertrud, vivía un tremendo infierno, desde que a Peter le dió por mezclarse en asuntos privados con su madre. Según fuentes oficiales, Gertrud jugaba con Peter, y sonreía levemente, incluso llegaba al nivel de la carcajada según las malas lenguas, pero éste no es el asunto, Damen und Herren...
Porque Rechner no consiguió ninguna prueba, en concreto... ¡Ah sí!
Los correos diarios en los que él le hablaba de su nostalgia, o le enviaba una canción o un poema...
Como Rechner no encontró el argumento de una posible denuncia, el plan fué minuciosamente calculado por Friedrich Schaffer, relojero de profesión.
A las siete en punto de la tarde, Hertha citaría a Peter con la excusa de una cita informal con la que hablar delante de los muros del Deutsche Bank, que justo estaba enfrente de la casa de Hoffmann.
En efecto, ella lo preparó todo, realizó las llamadas telefónicas oportunas y a la hora pactada
sonó el timbre del portal, y Peter contestó ...
Cuando bajó, ya lo esperaba de antemano, estaba también el relojero...
Hertha esbozó un discurso que ponía de manifiesto frases del estilo "no me escribas más", "no me llames más",...
¿Cómo podía ser éso?
¿Cómo Peter podía dejar de intentar lo que llevaba intentando dos años completos de su vida?
Le sugirieron ir al jardín privado, junto a su casa... Era un lugar oscuro, de arena y árboles que daba a algunas casas bajas de las que hay en el Viso...

Hablaron del futuro de Gertrud, del patrimonio inmobiliario de los Schaffer, y de las navidades sincronizadas con el espíritu del olvido...

Cuando Peter se relajó y asumió la moral del invadido...

Friedrich sacó el revolver, ¡y sí! El cañón detonó tres balas... Peter cayó ensangrentado al suelo mientras decía dos palabras, dos palabritas simples, amor y libertad.

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