Por caminos de invierno (y dos)

El invierno es el pretexto
para iniciar un poema
y éste arranca
con una pregunta:

¿Qué será de nosotros cuando
todo sea asfalto?

Cuando no haya hielo sobre la tierra,
ni haya arena,
cuando el macilento cielo
sobre los tejados
sea sólo un manto asfixiante,
y
el tibio sol ocre
de una mañana de enero
no nos recuerde
cómo es vivir de otra manera,
cuando no haya un anhelo
de una vida mejor.

¿Qué será de nosotros cuando
ya no quede nada de nosotros?

¿Qué será de nosotros
cuando no nos tengamos
con la contrapartida
de una palabra de alivio
y afecto?

¿Qué será de nosotros
cuando
tras el vértigo
de las azoteas diezmadas
no nos podamos recobrar
y todo sea sombra
en un callejón que dure años?

Amanecerá
en Babilonia por aquel entonces
y sus torres nos protegerán
o no,
pero amaneceremos.



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