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Un canto a tu belleza

Cuando tú apareciste, penaba yo en la entraña más profunda de una cueva sin aire y sin salida. Braceaba en lo oscuro, agonizando, oyendo un estertor que aleteaba como el latir de un ave imperceptible. Sobre mí derramaste tus cabellos y ascendí al sol y vi que eran la aurora cubriendo un alto mar de primavera. (...) Amor dulce muerte, Alberti Como buen presagio, pues no iba a ser todo un día oscuro, viene tu belleza distante, interior y exterior, a alumbrarme. Aunque no te veo a diario, guardo un mapa detallado de tu sonrisa, de la tranquilidad con la que hablas, de tu inteligente mirada, de tu gesto reposado, de todas la maravilla que tu caminar encierra. Por eso, y a pesar de que los tiempos no sean proclives ni amables, vaya este breve canto como una forma de mostrarte el delicado hilo que hilvana el sentimiento, como una vía de escapar ante tanto tedio y tanto hastío que me rodea, porque eres luz entre tanta sombra, porque eres arco iris tr...

El vals de los idiotas

Celebran el día de una descafeinada victoria en unas elecciones de una democracia inconsistente e insípida que no satisface las necesidades del pueblo, que no da pan ni trabajo ni casa, que mantiene leyes injustas contra la libertad de expresión, una cárcel con rejas invisibles, en la que el patriota, de una derecha recalcitrante, o de una con tintes liberales, católico confeso, o agnóstico diverso, siente el miedo de la invencible clase obrera aunque, en esta tierra de esclavos, esté bastante controlada y para ello haya habido décadas de sistemático doblegamiento, clases avanzadas de discurso policial. Carabanchel, isla donde se apagaban los barcos tras las comisarías. Es el vals de los idiotas, de los acomodaticios, de los que no se plantean mayor realidad que una herencia, un status, la confortable tranquilidad del confort pagado a plazos.

Por favor, permíteme que te escriba

Por favor, permíteme que te escriba en esta tarde de comienzo del verano en la que el calor es el invitado a la fiesta de la luz del sol en cada calle, en cada rincón, en cada esquina. Por favor, permíteme que te escriba y que te traiga este poema sencillo y sin máscara, esta pequeña arquitectura efímera, que trae toda la nostalgia que puede caber en un verso, toda la ternura que contiene una estrofa. Por favor, permíteme que te escriba en este domingo de finales de junio. Así que pasen cien años, y que yo los viva, por favor, permíteme que te escriba.

Tu espalda

Tu espalda es hermosa. Cuando me la ofreces, la admiro. No como un manso amante que se deshiciera cada vez que la observa, sino como un entusiasta que hubiera descubierto el milagro que supone la elevación de las altas murallas de tu fortaleza. Desconectas mi melodía, y libre de interferencias o sintonías no deseadas, aprietas el botón de encendido en tu propio aparato musical. Bailas la danza del momento, y te contemplo, tan lejos, tan cerca, como si el hielo de los tiempos se hubiera fundido y este reencuentro fuese lo esperado pero no es. En mis palabras no hay la reprobación, porque el escenario estaba planteado con antelación. No es el lugar, ni el momento, ni la hora, ni nuestros cuerpos se mueven con sincronías propias, pero no mendigaré un saludo, un gesto, una mirada. Nos intuiremos sin invocar a los nombres propios, sin forzar el discurso, celebrando lo bello de la tarde, el mapa futuro de las constelaciones, la riqueza que nos...

El celador del Gran Capitán

Dondiego no era un flor, aunque era un señor apuesto, una suerte de caballero de los que no necesitan presentación pues son de sobra conocidos. Érase una vez un donjuán de Granada. Trabajaba de celador en el ambulatorio de Gran Capitán. Procedía de familia adinerada con terrenos en Guadahortuna, en la línea fronteriza con Jaén, y era dueño de algunas casas solariegas. Su familia era gente de raza y fortuna, miserables por pura estrategia defensiva. El abuso es un derecho. La justicia es relativa. Vivía su soltería con frescura y desenfreno en las casas de sus amantes que siempre le esperaban en el zaguán. Él las contaba por casadas, viudas, solteras y arrejuntadas. Eran tiempos de la ciudad católica, apostólica y pagana. Habría que haber un hecho un censo efectivo, por si esto fuera cierto, se le podría haber invitado a algún vino no para celebrar su prepotencia sino para contrarrestar su falsedad. Homenajeaba, sin saberlo, a su casta de excele...

No les pido que comprendan

No les pido que comprendan los fulgentes motivos que acompañan mi amor. Ni siquiera que entiendan el camino que me trajo hasta esta estación en la que se aprecia el estío en toda su dimensión. A los asépticos, equidistantes como vértices de un triángulo equilátero, científicos de la norma, y demás público congregado, les diré que poco importa la opinión de los demás cuando se tienen razones más que suficientes para llevar a cabo la travesía, como ritual iniciático, de un barco que navegase por un río de templadas certezas y clásicas dudas. A los corazones blindados, con el hierro y el acero fundidos en los altos hornos donde se fabrican los raíles del ferrocarril y los inquebrantables sueños, no les pido que comprendan pues no es necesario hacer el esfuerzo evocativo, la maquinación consecuente. Por eso, no les pido que comprendan el instinto, la soledad, la realidad, el deseo, el sol, el recuerdo de unos ojos azules como el c...

A vueltas con los versos

Uno va, viene y vuelve, cansado de su nombre: va por los bulevares y vuelve por sus versos, escucha el corazón que, insumiso, golpea como un puño apretado fieramente llamando, y se sienta en los bancos de los parques urbanos, y ve pasar la gente que aún trata de ser alguien. (...) Pasa y sigue, Itinerario poético, Gabriel Celaya Uno siempre vuelve a los versos, de la misma forma en que se regresa a unas calles conocidas de un barrio acostumbrado por el que las horas pasean con su uniforme cotidiano tras la cadencia de la música que suena en la radio y que los ventanales dejan escuchar obsequiosos y resguardados por visillos. Entonces se tiene la impresión de que el ritmo proviene de una palabra como balcón que se completa en su significado con el vocablo geranio en forma plural cuyo resultado es que el color se apoderó del ambiente. Mas no es la única. Fuente, árbol, parque, acera, vida, recuerdo, amor, zapato, agua, hoja, ban...