El vals de los idiotas

Celebran el día de una descafeinada victoria
en unas elecciones
de una democracia inconsistente
e insípida
que no satisface las necesidades
del pueblo,
que no da pan ni trabajo ni casa,
que mantiene leyes
injustas contra la libertad de expresión,
una cárcel con rejas invisibles,
en la que el patriota,
de una derecha recalcitrante,
o de una con tintes liberales,
católico confeso,
o agnóstico diverso,
siente el miedo
de la invencible clase obrera
aunque, en esta tierra de esclavos,
esté bastante controlada y para ello haya habido
décadas de sistemático doblegamiento,
clases avanzadas de discurso policial.
Carabanchel, isla donde se apagaban los barcos
tras las comisarías.
Es el vals de los idiotas,
de los acomodaticios,
de los que no se plantean
mayor realidad que una herencia, un status,
la confortable tranquilidad del confort
pagado a plazos.



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