No les pido que comprendan
No les pido que comprendan
los fulgentes motivos
que acompañan mi amor.
Ni siquiera
que entiendan
el camino
que me trajo hasta esta estación
en la que se aprecia el estío
en toda su dimensión.
A los asépticos,
equidistantes como vértices
de un triángulo equilátero,
científicos de la norma,
y demás público congregado,
les diré que poco importa
la opinión de los demás
cuando se tienen razones
más que suficientes
para llevar a cabo
la travesía,
como ritual iniciático,
de un barco que navegase
por un río de templadas certezas
y clásicas dudas.
A los corazones blindados,
con el hierro y el acero fundidos
en los altos hornos
donde se fabrican
los raíles del ferrocarril
y los inquebrantables sueños,
no les pido que comprendan
pues no es necesario
hacer el esfuerzo evocativo,
la maquinación consecuente.
Por eso,
no les pido que comprendan
el instinto,
la soledad,
la realidad,
el deseo,
el sol,
el recuerdo de unos ojos azules
como el cielo en un día despejado,
cuyo fondo ha conocido la lluvia
propia del otoño.
¡Que se alejen las sombras
y que vuelva el brillo!
los fulgentes motivos
que acompañan mi amor.
Ni siquiera
que entiendan
el camino
que me trajo hasta esta estación
en la que se aprecia el estío
en toda su dimensión.
A los asépticos,
equidistantes como vértices
de un triángulo equilátero,
científicos de la norma,
y demás público congregado,
les diré que poco importa
la opinión de los demás
cuando se tienen razones
más que suficientes
para llevar a cabo
la travesía,
como ritual iniciático,
de un barco que navegase
por un río de templadas certezas
y clásicas dudas.
A los corazones blindados,
con el hierro y el acero fundidos
en los altos hornos
donde se fabrican
los raíles del ferrocarril
y los inquebrantables sueños,
no les pido que comprendan
pues no es necesario
hacer el esfuerzo evocativo,
la maquinación consecuente.
Por eso,
no les pido que comprendan
el instinto,
la soledad,
la realidad,
el deseo,
el sol,
el recuerdo de unos ojos azules
como el cielo en un día despejado,
cuyo fondo ha conocido la lluvia
propia del otoño.
¡Que se alejen las sombras
y que vuelva el brillo!
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