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La luz que traen tus ojos

La luz que traen tus ojos en esta tarde de enero hacen que salga ileso de otra debacle que construye el tiempo. Es tu sonrisa al otro lado de la mesa, es la forma en que tu lenguaje se articula para construir significados amables, es la dulzura de saberse acompañado en este refugio en el que los relojes de arena se han parado. Esperanza, no se me ocurre otra palabra y, al mismo tiempo, se me ocurre la convicción de no esperar demasiado.

la juventud anestesiada

los drogan, sí, lo he visto les regalan la tierra prometida les dan salarios irrisorios y encima deben sonreir ... ¡no deben pensar demasiado! sueñan con yates y chalés en la moraleja para ello y en su lugar, han de acatar las reglas del sistema ser prácticos y no cuestionarse ninguna de las consignas de una religión que fabrica el dios dinero endeudarse hablar como sus ancestros apagar el fuego de su llama revolucionaria ser anodinos insípidos dejarse alienar bajo el yugo metálico de una mordaza en su premio vacaciones en el mar y en destinos exóticos rápidos coches de anuncio que colocar como fotograma en instagram, facebook y youtube así funciona la civilización de plástico que plastifica las mentes e idiotiza el cerebro, utilizando con el corazón la técnica de disminución de tamaño trabajada por los jíbaros ¿quo vadis, juventud anestesiada? ¿por qué no evitas el discurso regresivo e involutivo?

Aquel tablero de ajedrez de madera

A mi querido hermano Carlos  (y sí, digo hermano) Tu ternura era otra. Yo casi no la comprendía, pero era otra. En tus manos se fabricaban infinitos afectos, en tus silencios aprobatorios y reprobatorios yacía el hilo tranquilo de tu amor esquivo. Porque huías, siempre huías de la barbarie cotidiana que nos rodeaba, del pacto tácito con el absurdo incontestable que implicaba aceptar del todo las groseras reglas del juego. En tus manos se fabricaban infinitos afectos, como aquel tablero de ajedrez con fichas de madera que me hiciste, como aquellas clases de informática improvisada que me dabas cuando en casa compraron el primer amstrad, cuando me sorprendías al otro de la línea desahogando mi ira adolescente contra el mundo en módicos pagos de línea erótica o cuando veías en los vídeos vhs que tenían etiquetas de partidos de baloncesto los programas de playboy mezclados con las jugadas del Estudiantes de Azofra y Pinone. Pese a todo, yo era simplemente u...

Esta canción es para ella

A la tan recordada, a la que, mientras la razón me dicta olvido, el corazón se encarga de traer, y hacer que permanezca en el estanque del amor-odio indistinto. [Afecto materno revisitado] Con una fuerza oculta que me aflige y, al mismo tiempo, me alimenta, esta canción es para ella. A salvo. A salvo de todo mal y ajeno a todo bien, camino. Sí, camino. Porque aunque mis pies cansados dicen para, mi mente dice sigue, ya que exhausto no quiere decir vencido. He combatido. Has combatido. Hemos combatido. Cada cual desde su rincón, hemos visto la historia desde nuestro ángulo. El péndulo del reloj oscila con periodos a ambos lados de un muro, distintos. De su progreso material no hablemos, no entremos en el mezquino análisis de lo accesorio e inútil. En la cadena que forma la ensoñación, el recuerdo y la imagen borrosa de un rostro, se cimenta la huella indeleble de lo vivido. Si me llamara otra vez y me gastara una cruenta broma Le diría que cuen...

Lo mejor para todos y todas

Ella se puso manos a la obra para construir un escenario que fuera el mejor para todos. Así se lo contaba a sus amistades, de veras, lo creía a piés juntillas. Pero ¡qué curioso! Como resultado de tremenda edificación, quien salió reforzado fue su "pequeño mundo" y con curiosos argumentos bien traídos y elaborados que denigraban al ponente de un amor sin dudas, logró sacar adelante su proyecto. Ya sabe, cómo funcionan las cosas... y Usted me entiende cuando le digo que algunas personas se llevan por delante lo que haga falta con tal de salvarse y sin embargo, pese a que el conferenciante comprendía y respetaba todos los movimientos, los ataques se sucedieron en ambas direcciones y la fabricante del orden se sentía molesta y herida ante tamaña desconsideración. ¡Hasta acusaron de crueldad al conferenciante! Hubo otro conferenciante, por supuesto, que, efectivamente, se portó como un ser cruel pero al que casi nadie menciona y que ahora llev...

A una mujer maltratada

Martillo y Yunque entran en el vagón de tren del herrero  y el artesano los mira. El primero, déspota y altivo, con su verbo  incontestable, su adjetivo que hiere, su sustantivo que humilla. El segundo, acostumbrado  a ese silencioso  porvenir  que le es conferido a los relegados. Para el martillo, golpear es su sino. Impera arrogante y el yunque  se inclina con religiosa vocación.  En una noche de invierno, el martillo revienta el yunque  y el artesano lo tira al río. Camina presuroso y reposa. Mientras llora, se sienta en un banco de piedra  en una plaza  rodeada de reyes castellanos.  

Y te envío palabras de amor

Y te envío palabras de amor en la madrugada, que son indiferentes a los muros, a los anillos, a los compromisos y a los años que hace que no nos vemos. ¿Se pueden escribir palabras así? ¡Ya lo creo! Ojalá cuando vengas, no sea una broma pesada. Ojalá cuando vengas, hayamos olvidado todo lo que nos hirió o, mejor todavía: hayamos aprendido de la experiencia que es intentar algo olvidar. Porque ojalá cuando vengas, tu mirada se haya descongelado en el antártico mar de un mal recuerdo. Rescatando y haciendo arqueología de la memoria. ¿Quién incendió ciudades, quién reinventó los mares, e hizo que los ríos fueran pequeños remansos de paz donde el caminante descansara y se parara a pensar? ¿Quién invocando a no sé qué justicia pretendió dejarlo todo sellado y sentencias se dictaron bajo el futuro augurio de un gran adeudo? Descansa ángel caído del amor y propulsa tus alas hasta el siguiente amanecer donde los lirios te abrirán sus puertas hacia la ...