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El pasado no nos sirve

El pasado no nos sirve pero hemos de aprender de sus lecciones. Debemos rescatar de él lo que siembra el futuro. El relámpago que agita el cielo del ahora es el que prende la llama necesaria. Casi todo lo demás, quedó atrás. Porque hay esperanzas que crecen y se agrandan donde todo parecía ruína. Dejar la vida traer lo que nos es necesario, como ese repentino relámpago en el cielo del ahora.

Un nuevo año que comienza

Un nuevo año que comienza . Un antíguo año que se termina . Entonces uno hace balance de lo vivido, revisa la plantilla de sus vivencias coleccionadas, las clasifica y las ordena. Poco importa que el saldo nos salga positivo, negativo o cero. En la vida hay cambios que son consustanciales a este viaje lento y repleto de emociones comenzado en el arroyo de la primavera y que nos hacen mejores , que nos hacen más fuertes , que nos dotan de aprendizajes. Un nuevo año que comienza. Un antíguo año que se termina y, en este renovado espacio, no quisiera olvidarme de tí ni siquiera un segundo. Pues eres algo más que el puerto donde mis barcos ansían llegar. Eres el mapa, el mar, la rosa de los vientos, el caliz donde se vierte el vino, el silex de la arena en la orilla de los ríos, el cielo en los días grises y también en los soleados, eres todas las iglesias y todos los altares de la ciudad que habito . En mis púlpitos profanos, te rezo con oraciones pag...

Anochecer en la ciudad

Anochecer en la ciudad sin renuncia ni rendición. Siempre aprendimos de las decepciones a poner los piés todavía más sobre la tierra, si cabe. En el cálculo de probabilidades, esta situación también fué contemplada en algún momento, pero... ¿Sabes? He elegido esta soledad sonora a una compañía que era ya un palco vacío. La ciudad enigmática me ha vuelto a abrir sus puertas sin darme ninguna llave. ¿Qué será de tí? ¿Qué sonrisa no cubrirá tu rostro? ¿O qué lágrima no ha recorrido las callejuelas que forman tus mejillas? ¿Qué nota musical no es emitida por tu voz? Sabrás de mí por los versos que te escribo, por el gato que maúlla cerca del aljibe, bajo un cielo estrellado de diciembre, por todos los faroles que alumbran la arquitectura de estas calles desvencijadas y que resisten al paso del tiempo, incansables.

Atardecer en la ciudad

En oficinas que se hacen grandes como barcos que varados en un muelle esperaran la subida de todos los pasajeros, viene la tarde tras los cristales y la luz de diciembre se desmarca del discurso del final de la jornada. Es entonces cuando te imagino allá lejos en tu mundo distante, y estos versos viajan en el tiempo sin mapa, ni ruta, ni cuaderno de bitácora del navegante. Tras los visillos de habitaciones altas, te imagino mirando por la ventana. De pronto, me ves llegando por la calle y te saludo alegre con la mano. ¿Cuántos inviernos hace que no te veo? ¿Cuántas primaveras quedan para estar a tu lado?

Amanece en la ciudad

Amanece en la ciudad. El sol se asoma tras la línea del horizonte y el día comienza con el ritmo cadencioso de un bolero. Sé que tratar de estar mejor es no forzar el proceso, sino dejar que las cosas fluyan y sigan su curso natural. Verás. En el mecanismo que subyace a la línea curva que se encierra en sí misma, primero aparece tu recuerdo. De la evocación del mismo, viene algún olor, el tono de tu voz, alguna palabra amable dicha, y en el río casi vacío de aquel afecto, una gota de agua tuya parece un mar. Después, se juntan las ganas. como en un autobús atestado de gente en las horas punta. Por ... ¿último?, surge el poema como otra forma de ponerle palabras a tanta emoción y sentimiento. Asimismo, lo envuelvo en un paquete o enrollo la hoja de papel y la introduzco en una botella lanzándola al río y cruzando los dedos para que abras el mensaje y éste te traiga alegría a tu presente, la construcción de un mundo no tan lejano, o al menos fragme...

La Alhambra y el Generalife

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Recuerdos de la Alhambra, de F. Tárrega  Mediodía de diciembre y vengo a rencontrarme  con este paisaje de la infancia cerca de los palacios de la Alhambra, con la consiguiente fotografía de postal  que contiene la arquitectura irregular  de las casas del Albayzin, la muralla escalonada,  unas cuantas iglesias, una ermita en la parte alta,  la atmósfera de uralita y chumberas  del sacromonte, la luz diáfana del sol que deja ver los montes  más allá de las afueras,  la lógica del darro y de su valle.    En el interior,  revisito el patio de Lindaraja y escucho el monólogo del agua en las fuentes,  la soledad del arrayán,  el partal con su palmera,  la torre de la cautiva, la rosa, la malva, el tilo,  el naranjo repleto de naranjas amargas,  la flor de azahar postrera  que la primavera traerá  en un vagón como pasajera, las enredaderas...  También la hiedr...

Será que esta Granada

Será que esta Granada ya no es la que era, será que esta Granada me pertenece, te pertenece, y que sus calles arregladas y maquilladas, no tienen ese oscuro brillo que antaño seducía. Esta pulcra Granada se parece a la que yo andaba, pero sus tiendas de diseño, sus lugares de ocio con nombres rebuscados, su estética recargada, hace que me desprenda de la idea de que esta ciudad por la que camino sea la que yo asumía. Será que esta Granada es testimonio de un paso largo y lento por espacios que no se parecen a Granada y que me espera en cada rincón para recordarme la altura de los árboles del jardín botánico, el refugio de las palomas en la casa de los patos, la plaza de la Trinidad con su fuente donde los gorriones beben y comen a deshoras. Será que esta Granada te espera con su cálido abrazo, sus eternas contradicciones y su casi pureza, para que recorras sus calles, como se alarga una caricia que da la bienvenida o que dice no te marches tod...