Atardecer en la ciudad

En oficinas
que se hacen grandes
como barcos que varados en un muelle
esperaran la subida de todos los pasajeros,
viene la tarde tras los cristales
y la luz de diciembre
se desmarca
del discurso del final de la jornada.

Es entonces
cuando
te imagino allá lejos
en tu mundo distante,
y estos versos
viajan en el tiempo
sin mapa, ni ruta, ni cuaderno de bitácora
del navegante.

Tras los visillos de habitaciones altas,
te imagino mirando por la ventana.

De pronto,
me ves llegando por la calle
y te saludo alegre con la mano.

¿Cuántos inviernos hace que no te veo?

¿Cuántas primaveras quedan
para estar a tu lado?

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