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Querida ausente (LIII)

Querida ausente: Comprendo que este poema lo entiendes sin yo escribirlo. En cada compartimento en el que habitas debe reinar la paz y la calma. Bendita seas.

Querida ausente (LII)

Lungi dal proprio ramo, Povera foglia frale, Dove vai tu? - Dal faggio Là dov'io nacqui, mi divise il vento. Esso, tornando, a volo Dal bosco alla campagna, Dalla valle mi porta alla montagna. Seco perpetuamente Vo pellegrina, e tutto l'altro ignoro. Vo dove ogni altra cosa, Dove naturalmente Va la foglia di rosa, E la foglia d'alloro. Imitazione. G. Leopardi. Querida ausente: Hoy es un domingo tranquilo en el cual me da tiempo a descansar, a leer, a tomar el té y donde la temperatura es buena. Los jardines lucen con moderado optimismo. Ya sé. No me has dado permiso para estar en tu mundo, ni la llave de la cancela que da paso a tu intimidad. Ni que decir tiene que aprecio tu libertad, la manera en que te mueves frente a las dificultades de la vida. Por eso, te escribo, para hablarte con palabras simples de este presente en el que las horas se resignan a aceptar el proceso como viene. Ignorando aspectos terr...

Francesco Remiri era un mal tipo

Francesco Remiri* (a todas luces interpretación pseudoitaliana del nombre de una calle del barrio de la Guindalera, Francisco Remiro) Francesco Remiri era natural de Palermo y, un buen día, abandonó su Sicilia natal para establecerse en Madrid y entrar de aprendiz en un taller mecánico. Conoció a Fiorella, que también habitaba en dicha ciudad, y había venido con sus padres a los tres años de edad desde Reggio Emilia. Trabajaba en una fábrica de pan. Desde el momento en que se encontraron, su relación pasó a ser más una lucha por el poder que un amable viaje de dos. Él traía en su equipaje la educación tradicional, machista y recalcitrante que situaba a las Mujeres a la altura de los floreros, las lagunas en la educación sexual, apenas sabía qué hacer en la intimidad a la edad de 18 años, haber sido un hijo despreciado por su padre, no querido por una madre que jamás lo reconocería delante de un tribunal ni quizás enfrente del mismo Dios. Nunc...

Querida ausente (li)

Querida ausente: En una noche fría de octubre, escuchando un adagio, compongo versos de métrica libre en un lugar cualquiera de la ciudad. ¡Cómo me gustaría que te reunieras conmigo en este lugar sin vigilantes ni espías! Así juntos recorreríamos las calles viendo la gente pasa como el tiempo tras la aguja del reloj. Sabrás por este poema cincuentayuno que hubo cincuenta anteriores misivas, cartas urgentes sin sello y con postdata al amor, al dulce amor de las noches oscuras, al escaso amor, de las noches ausentes, de las noches sin más dueño que el espacio que nos separa. Möchtest du hier kommen? Ich warte dir.

Querida ausente (L)

En los extremos estás de ti, por ellos te busco. Amarte: ¡qué ir y venir a ti misma de ti misma! Para dar contigo, cerca, ¡qué lejos habrá que ir! Amor: distancias, vaivén sin parar. (...) Pedro Salinas, La difícil Querida ausente: El capítulo está cerrado. Me levanto tras la enésima caída pero persisto. ¡En cuántos carruseles habremos montado como niños felices y entregados en tardes de otoño de jardines conocidos! Mas nunca reparamos en la soledad de los caballos de madera, ni en la constancia de los bancos donde nadie se sienta. Amor, se agotan los recursos, se agotan los temas de los que hablarte, pero no se termina el propio amor. En los círculos recursivos en los que me encuentro, encontré una avenida y la seguí hasta llegar a su final. En ella, todo me recordaba incansablemente a ti. Pero no me entregué y comencé otra avenida, con otro nombre diferente, recorrí una ciudad, una provincia, una región, un país, un continente, surqué los mare...

Querida ausente (xlix)

Querida ausente: En esta mañana fría de octubre de áridos presagios, hoy te vengo a contar la parte que dejo de lado, en ocasiones. Sabes que la soledad, es sabia compañera, nos resume y nos coloca, nos desordena, y nos confunde. Pero si de todo esto, sacamos conclusiones, veremos que esta pequeña patria llamada soledad es lo más que se parece a un paraíso en el que reine la calma y los pájaros vuelen a una altura justa sobre el suelo. Bendeciré por tanto este país sin fronteras, con capital sin nombre, desde la que te escribo versos en mañanas donde todo es desierto y hay que mirar muy adentro para encontrar un oasis.

Querida ausente (xlviii)

Querida ausente: He rechazado el discurso del pesimismo (ya me desahogué bastante) y lo he sustituído por esta carta de amor. Concentrándome en el nuevo ahora sólo quiero enfocarme, en quien y en lo que me, hace de veras feliz. A sabiendas de que tú y yo estamos lejanos, mantengo la esperanza de que tú y yo nos recordemos y, con la lentitud de los vagones de un tren, repasemos el paisaje y la letra del abecedario que contiene un nombre. Es cierto. Esta tarde no te veré. Tal vez mañana tampoco. Pero esta es una simple circunstancia, ya que te evocaré en cada número, en cada letra, en cada situación, que me conduzca a tí.