En los extremos estás de ti, por ellos te busco. Amarte: ¡qué ir y venir a ti misma de ti misma! Para dar contigo, cerca, ¡qué lejos habrá que ir! Amor: distancias, vaivén sin parar. (...) Pedro Salinas, La difícil Querida ausente: El capítulo está cerrado. Me levanto tras la enésima caída pero persisto. ¡En cuántos carruseles habremos montado como niños felices y entregados en tardes de otoño de jardines conocidos! Mas nunca reparamos en la soledad de los caballos de madera, ni en la constancia de los bancos donde nadie se sienta. Amor, se agotan los recursos, se agotan los temas de los que hablarte, pero no se termina el propio amor. En los círculos recursivos en los que me encuentro, encontré una avenida y la seguí hasta llegar a su final. En ella, todo me recordaba incansablemente a ti. Pero no me entregué y comencé otra avenida, con otro nombre diferente, recorrí una ciudad, una provincia, una región, un país, un continente, surqué los mare...