Querida ausente (L)
En los extremos estás
de ti, por ellos te busco.
Amarte: ¡qué ir y venir
a ti misma de ti misma!
Para dar contigo, cerca,
¡qué lejos habrá que ir!
Amor: distancias, vaivén
sin parar.
(...)
Pedro Salinas, La difícil
Querida ausente:
El capítulo está cerrado.
Me levanto tras la enésima caída
pero persisto.
¡En cuántos carruseles
habremos montado
como niños felices
y entregados
en tardes de otoño
de jardines conocidos!
Mas nunca reparamos
en la soledad de los caballos
de madera,
ni en la constancia
de los bancos
donde nadie se sienta.
Amor,
se agotan los recursos,
se agotan los temas de los que hablarte,
pero no se termina el propio amor.
En los círculos recursivos
en los que me encuentro,
encontré una avenida
y la seguí
hasta llegar a su final.
En ella,
todo me recordaba
incansablemente a ti.
Pero no me entregué
y comencé otra avenida,
con otro nombre diferente,
recorrí una ciudad, una provincia,
una región, un país,
un continente,
surqué los mares,
salí al espacio abierto
revisé la hoja de ruta de las constelaciones,
admiré las galaxias,
toqué con mis dedos el brillo de alguna estrella
y allá, más allá de las nubes,
clavé en lo alto de un asteroide,
una bandera
con tu nombre.
En el camino de retorno,
todo me pareció
bello,
todo me pareció innecesario
pero fruto del esfuerzo,
descansé
porque había hecho todo lo que estaba en mi mano.
de ti, por ellos te busco.
Amarte: ¡qué ir y venir
a ti misma de ti misma!
Para dar contigo, cerca,
¡qué lejos habrá que ir!
Amor: distancias, vaivén
sin parar.
(...)
Pedro Salinas, La difícil
Querida ausente:
El capítulo está cerrado.
Me levanto tras la enésima caída
pero persisto.
¡En cuántos carruseles
habremos montado
como niños felices
y entregados
en tardes de otoño
de jardines conocidos!
Mas nunca reparamos
en la soledad de los caballos
de madera,
ni en la constancia
de los bancos
donde nadie se sienta.
Amor,
se agotan los recursos,
se agotan los temas de los que hablarte,
pero no se termina el propio amor.
En los círculos recursivos
en los que me encuentro,
encontré una avenida
y la seguí
hasta llegar a su final.
En ella,
todo me recordaba
incansablemente a ti.
Pero no me entregué
y comencé otra avenida,
con otro nombre diferente,
recorrí una ciudad, una provincia,
una región, un país,
un continente,
surqué los mares,
salí al espacio abierto
revisé la hoja de ruta de las constelaciones,
admiré las galaxias,
toqué con mis dedos el brillo de alguna estrella
y allá, más allá de las nubes,
clavé en lo alto de un asteroide,
una bandera
con tu nombre.
En el camino de retorno,
todo me pareció
bello,
todo me pareció innecesario
pero fruto del esfuerzo,
descansé
porque había hecho todo lo que estaba en mi mano.
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