Querida ausente (xlviii)
Querida ausente:
He rechazado
el discurso del pesimismo
(ya me desahogué bastante)
y lo he sustituído por esta carta de amor.
Concentrándome
en el nuevo ahora
sólo quiero enfocarme,
en quien y en lo que me, hace de veras feliz.
A sabiendas
de que tú y yo
estamos lejanos,
mantengo la esperanza
de que tú y yo
nos recordemos
y, con la lentitud
de los vagones de un tren,
repasemos
el paisaje
y la letra del abecedario
que contiene un nombre.
Es cierto.
Esta tarde no te veré.
Tal vez mañana tampoco.
Pero esta es una simple
circunstancia,
ya que te evocaré
en cada número,
en cada letra,
en cada situación,
que me conduzca a tí.
He rechazado
el discurso del pesimismo
(ya me desahogué bastante)
y lo he sustituído por esta carta de amor.
Concentrándome
en el nuevo ahora
sólo quiero enfocarme,
en quien y en lo que me, hace de veras feliz.
A sabiendas
de que tú y yo
estamos lejanos,
mantengo la esperanza
de que tú y yo
nos recordemos
y, con la lentitud
de los vagones de un tren,
repasemos
el paisaje
y la letra del abecedario
que contiene un nombre.
Es cierto.
Esta tarde no te veré.
Tal vez mañana tampoco.
Pero esta es una simple
circunstancia,
ya que te evocaré
en cada número,
en cada letra,
en cada situación,
que me conduzca a tí.
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