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Querida ausente (CXIX)

Querida ausente: Cuando frente a la hoja en blanco, no se me ocurren palabras que escribir y el tedio me invade con su ejército silencioso y macilento, entonces construyo muros, levanto murallas, e invoco a la alegría que tus ojos otrora trajeron. En ese reducto indestructible, que se niega a perecer como toda edificación de tiempo, todo está por comenzar y yo me aferro a esas pequeñas esperanzas que tus cartas y tus palabras no me dan. Y claro, alguna vez me he planteado en desistir de este viaje pero... ¿Sabes qué es lo que empuja a mirar siempre adelante? La convicción de que podré encontrarte en algún instante, no sabiendo ni cuándo ni cómo ni dónde y entonces sin pactos ni contratos escritos a lápiz o a máquina, el abrazo provocará el estallido de este cuerpo que te anhela desde hace años.

Madrid, isla en el tiempo

Madrid, isla en el tiempo, a la que regreso de a poco, como a tu fehaciente recuerdo, glosa de un tiempo que se resiste a ser otro. Te he adjudicado un salvoconducto, que no utilizas, y que parece que no has pedido. Sin embargo, yo albergo esa cotidiana esperanza de verte aparecer, brillante, pura y cristalina, sobre la fuente rota de la tarde, en otro jardín, en otra geografía distante, tras el acero fino de un cielo que ahora nos pertenece. ¿Fuímos acaso desterrados? Ayúdame a engañar a las sombras, para así de una vez por todas, aliviar la espera, ayúdame a decir casi todas las verdades que pueden ser ciertas en esta hora de la noche, tuya y mía, infinita como el Ebro en el paisaje aragonés.

Cuadernos zaragozanos

Pronto comenzaré a escribir otro poemario y lo llamaré con el gentilicio del lugar donde voy a vivir entre semana. Los cuadernos zaragozanos vendrán a llenar las horas y los días de un tiempo en construcción. Tal vez te aparezcas, tras un espejo en el Ebro, o en algún parque de la ciudad a media distancia entre la oficina y la tarde que se abrirá como un libro. Entonces, espero a que me dures, todo lo que un atardecer puede suponer, más allá de las divagaciones, de las posibles suposiciones de lo que debería ser, ¿quién dijo que no estarías en cada paisaje que diviso tras la clemencia de un cielo benefactor?

Yo estaré contigo.

Dedicado a mis dos hijos. De su padre por fascículos o por entregas, a distancia, semipresencial. Aunque no me veas cerca, yo estaré contigo. Aunque la noche sea oscura, yo estaré contigo. Aunque la mañana sea un desierto y la tarde fría batalla, yo estaré contigo. Porque siempre lo he estado, y una geografía no puede alterar el curso natural de un río, y pienso llevarte muy pegada, muy pegado a mi pecho. Cuando me eches de menos, llámame por teléfono o dí mi nombre, y allí estaré al otro lado, como siempre lo he estado, para dedicarte mi tiempo, mi atención y mis cuidados, para darte el amor que mereces.

Querida ausente (CXVIII)

Querida ausente: Cuando en el locutorio, la luz de la bombilla azul, recuerda algo así como a la tristeza, yo la identifico con el tedio, con el cansancio, pero todavía así sigo en la construcción del verso que no acaba, de la ciudad incompleta y siempre por edificar que es este poema. En la calle, tibios lirios te recuerdan tras las vallas y taxis ocupados descienden tras las avenidas desde donde se divisan neones, gentíos, y la soledad aplazada de las personas cansadas. Allá donde estés, será para tí como ofrenda, esta sed de beber de tu fuente sin ancla, mar que resiste un temporal donde la isla es un punto y seguido.

Querida ausente (CXVII)

Querida ausente: La tarde fue propicia. Ni el placer, ni el dolor duran una eternidad. Por eso bebí de las fuentes de la cotidiana alegría y rebasé la frontera que me separaba de la arena, de la piedra, del crudo y fútil asfalto. Acudí a la flor, madreselva victoriosa en el jardín, y recitó tu nombre de memoria como si nunca te hubieras ido, como si tu despedida nunca hubiera parecido una huída teñída de la lágrima que, fugitiva, te acompañara. Mas ahora, cuando anochece en la ciudad, la soledad me recuerda este itinerario afectivo - existencial en el que cada palabra antecede al significado de una nueva palabra que en su origen no se ha formado y que habla de la esencia de un nuevo amor instantáneo que brota, como el arroyo tranquilo de las puras aguas. El arroyo hecho río, me trae un viento que me dice: ¡Cuántos lugares todavía no visité todavía contigo! ¡Cuántas palabras todavía no se han formado desde que te conozco!

Querida ausente (CXVI)

Querida ausente: Cuando desde la estación de la poesía, me monto en el tren de las palabras, cualquier momento es propicio para iniciar el viaje de un poema, dirigido a tí. Te quiero, con el convencimiento del que podría esperar más de una eternidad hasta tu llegada. Sin embargo, ese impulso de amor, esa ráfaga de puro anhelo, me hace sentir que a mi mundo casi completo, le falta un vértice en su geometría. Es mi deseo, que cuando tus dulces ojos revisen la arquitectura de este verso, sientas la caricia no dada, de mi mano sobre tu mano, que atesora la tibieza de los dedos que juntos son decena. El día ha comenzado. Rutina, mecánica, polea. Árbol. sombra, lluvia, quién sabe. Es primavera.