Querida ausente (CXVI)
Querida ausente:
Cuando desde la estación de la poesía,
me monto en el tren de las palabras,
cualquier momento es propicio
para iniciar el viaje de un poema,
dirigido a tí.
Te quiero,
con el convencimiento
del que podría esperar
más de una eternidad
hasta tu llegada.
Sin embargo,
ese impulso de amor,
esa ráfaga
de puro anhelo,
me hace sentir
que a mi mundo casi completo,
le falta un vértice
en su geometría.
Es mi deseo,
que cuando tus dulces ojos
revisen
la arquitectura
de este verso,
sientas la caricia no dada,
de mi mano sobre tu mano,
que atesora
la tibieza
de los dedos
que juntos son decena.
El día ha comenzado.
Rutina, mecánica, polea.
Árbol. sombra, lluvia, quién sabe.
Es primavera.
Cuando desde la estación de la poesía,
me monto en el tren de las palabras,
cualquier momento es propicio
para iniciar el viaje de un poema,
dirigido a tí.
Te quiero,
con el convencimiento
del que podría esperar
más de una eternidad
hasta tu llegada.
Sin embargo,
ese impulso de amor,
esa ráfaga
de puro anhelo,
me hace sentir
que a mi mundo casi completo,
le falta un vértice
en su geometría.
Es mi deseo,
que cuando tus dulces ojos
revisen
la arquitectura
de este verso,
sientas la caricia no dada,
de mi mano sobre tu mano,
que atesora
la tibieza
de los dedos
que juntos son decena.
El día ha comenzado.
Rutina, mecánica, polea.
Árbol. sombra, lluvia, quién sabe.
Es primavera.
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