Querida ausente (CXIX)

Querida ausente:

Cuando frente a la hoja en blanco,
no se me ocurren palabras
que escribir y el tedio me invade
con su ejército silencioso y macilento,
entonces construyo muros, levanto murallas,
e invoco a la alegría que tus ojos
otrora trajeron.

En ese reducto indestructible,
que se niega a perecer
como toda edificación de tiempo,
todo está por comenzar
y yo me aferro
a esas pequeñas esperanzas
que tus cartas y tus palabras
no me dan.

Y claro, alguna vez me he planteado
en desistir de este viaje
pero... ¿Sabes qué es lo que empuja a mirar siempre adelante?

La convicción de que podré encontrarte
en algún instante, no sabiendo ni cuándo ni cómo ni dónde
y entonces
sin pactos ni contratos escritos
a lápiz o a máquina,
el abrazo provocará el estallido
de este cuerpo que te anhela
desde hace años.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Un cuento serbio en verso (la oscura moral del antihéroe)

Construiremos algo nuevo