Madrid, isla en el tiempo
Madrid, isla en el tiempo,
a la que regreso de a poco,
como a tu fehaciente recuerdo,
glosa de un tiempo que se resiste a ser otro.
Te he adjudicado
un salvoconducto,
que no utilizas,
y que parece que no has pedido.
Sin embargo,
yo albergo esa cotidiana esperanza
de verte aparecer,
brillante, pura y cristalina,
sobre la fuente rota
de la tarde,
en otro jardín, en otra geografía distante,
tras el acero fino de un cielo
que ahora nos pertenece.
¿Fuímos acaso desterrados?
Ayúdame a engañar
a las sombras,
para así
de una vez por todas,
aliviar
la espera,
ayúdame
a decir casi todas las verdades
que pueden ser ciertas
en esta hora de la noche,
tuya y mía,
infinita como el Ebro
en el paisaje aragonés.
a la que regreso de a poco,
como a tu fehaciente recuerdo,
glosa de un tiempo que se resiste a ser otro.
Te he adjudicado
un salvoconducto,
que no utilizas,
y que parece que no has pedido.
Sin embargo,
yo albergo esa cotidiana esperanza
de verte aparecer,
brillante, pura y cristalina,
sobre la fuente rota
de la tarde,
en otro jardín, en otra geografía distante,
tras el acero fino de un cielo
que ahora nos pertenece.
¿Fuímos acaso desterrados?
Ayúdame a engañar
a las sombras,
para así
de una vez por todas,
aliviar
la espera,
ayúdame
a decir casi todas las verdades
que pueden ser ciertas
en esta hora de la noche,
tuya y mía,
infinita como el Ebro
en el paisaje aragonés.
Comentarios
Publicar un comentario