Querida ausente (CXVIII)
Querida ausente:
Cuando en el locutorio,
la luz de la bombilla azul,
recuerda algo así como a la tristeza,
yo la identifico con el tedio, con el cansancio,
pero todavía así sigo en la construcción
del verso que no acaba,
de la ciudad incompleta
y siempre por edificar que es este poema.
En la calle, tibios lirios te recuerdan
tras las vallas
y taxis
ocupados
descienden tras las avenidas
desde donde se divisan
neones, gentíos, y la soledad aplazada
de las personas cansadas.
Allá donde estés,
será para tí como ofrenda,
esta sed de beber
de tu fuente
sin ancla,
mar que resiste un temporal
donde la isla
es un punto y seguido.
Cuando en el locutorio,
la luz de la bombilla azul,
recuerda algo así como a la tristeza,
yo la identifico con el tedio, con el cansancio,
pero todavía así sigo en la construcción
del verso que no acaba,
de la ciudad incompleta
y siempre por edificar que es este poema.
En la calle, tibios lirios te recuerdan
tras las vallas
y taxis
ocupados
descienden tras las avenidas
desde donde se divisan
neones, gentíos, y la soledad aplazada
de las personas cansadas.
Allá donde estés,
será para tí como ofrenda,
esta sed de beber
de tu fuente
sin ancla,
mar que resiste un temporal
donde la isla
es un punto y seguido.
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