Querida ausente (CXVII)

Querida ausente:

La tarde fue propicia.
Ni el placer, ni el dolor
duran una eternidad.
Por eso bebí de las fuentes
de la cotidiana alegría
y rebasé la frontera
que me separaba
de la arena, de la piedra,
del crudo y fútil asfalto.
Acudí a la flor,
madreselva
victoriosa en el jardín,
y recitó tu nombre de memoria
como si nunca te hubieras ido,
como si tu despedida
nunca hubiera parecido una huída
teñída de la lágrima que, fugitiva, te acompañara.
Mas ahora,
cuando anochece en la ciudad,
la soledad me recuerda
este itinerario afectivo - existencial
en el que cada palabra
antecede al significado
de una nueva palabra
que en su origen no se ha formado
y que habla de la esencia de un nuevo amor
instantáneo
que brota,
como el arroyo tranquilo de las puras aguas.
El arroyo hecho río, me trae un viento que me dice:
¡Cuántos lugares todavía no visité todavía contigo!
¡Cuántas palabras todavía no se han formado
desde que te conozco!


Comentarios

Entradas populares de este blog

Un cuento serbio en verso (la oscura moral del antihéroe)

Construiremos algo nuevo