La mujer que yo quiero
La mujer que yo quiero, no necesita
bañarse cada noche en agua bendita.
Serrat.
A la mujer que yo quiero,
no le pido nada,
ni que purifique su alma,
ni que limpie el suelo debajo
de la alfombra,
ni que deshaga sus pactos con altezas infernales,
ni que revise el código secreto
que subyace a un recuerdo.
A la mujer que yo quiero
no le pido nada.
No le pido que traiga la alegría,
que sonría a la fuerza,
que deshoje la flor del mediodía,
bajo el manto
de una música de fiesta.
Porque ella es en sí misma,
la precursora de un mundo
inacabado y romo,
que se construye
sin filos con
la simetría
que presenta un círculo.
La mujer que yo quiero
no necesita
mostrar
su pasado,
ni desgranar su historia.
Ella es arte en movimiento,
y su danza
no agota ni cansa,
ligera como pluma de ave
que compusiera
estrofas
más allá del viento.
bañarse cada noche en agua bendita.
Serrat.
A la mujer que yo quiero,
no le pido nada,
ni que purifique su alma,
ni que limpie el suelo debajo
de la alfombra,
ni que deshaga sus pactos con altezas infernales,
ni que revise el código secreto
que subyace a un recuerdo.
A la mujer que yo quiero
no le pido nada.
No le pido que traiga la alegría,
que sonría a la fuerza,
que deshoje la flor del mediodía,
bajo el manto
de una música de fiesta.
Porque ella es en sí misma,
la precursora de un mundo
inacabado y romo,
que se construye
sin filos con
la simetría
que presenta un círculo.
La mujer que yo quiero
no necesita
mostrar
su pasado,
ni desgranar su historia.
Ella es arte en movimiento,
y su danza
no agota ni cansa,
ligera como pluma de ave
que compusiera
estrofas
más allá del viento.
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