mitología de andar por casa
Un Eros cotidiano llamaba por teléfono a Afrodita,
pero saltaba el contestador automático
mientras Hermes hacía horas extras
en la empresa de mensajería urgente
de envío de cartas, envíos y rápidas misivas
en la que trabajaba
en un polígono a las afueras de la ciudad.
Afrodita,
en su templo,
como salida de la espuma,
desgranaba el racimo
de las horas,
y el tiempo era entonces liviano.
En eso que Hermes llamó al timbre
y en el salón se escuchó
un alboroto.
Afrodita fué hasta el recibidor
y abrió la puerta.
Le fué entregada una carta
que contenía un poema de amor,
y era firmada con el nombre
de un tal Eros
al que ella conocía.
pero saltaba el contestador automático
mientras Hermes hacía horas extras
en la empresa de mensajería urgente
de envío de cartas, envíos y rápidas misivas
en la que trabajaba
en un polígono a las afueras de la ciudad.
Afrodita,
en su templo,
como salida de la espuma,
desgranaba el racimo
de las horas,
y el tiempo era entonces liviano.
En eso que Hermes llamó al timbre
y en el salón se escuchó
un alboroto.
Afrodita fué hasta el recibidor
y abrió la puerta.
Le fué entregada una carta
que contenía un poema de amor,
y era firmada con el nombre
de un tal Eros
al que ella conocía.
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