Oda al futuro
El futuro es lo intangible,
el secreto del tiempo
que no nos has sido confiado
y
que no está a nuestro alcance,
pero en el que se deposita
una moderada esperanza.
Viviremos. Lucharemos por siempre.
Compartiremos
el fruto cotidiano
juntos, separados, cercanos, distantes,
felices, tristes, encendidos, apagados,
hasta que nuestra valentía no tenga límite,
hasta que nuestra cobardía quede al margen
de este viaje urdido contra la apatia,
contra la desidia y el olvido.
Habitantes de países invisibles
que caben en una caricia,
en una nota escrita y enviada en un sobre,
en el caminar solitario de un viandante
por calles adormecidas
en el estático Madrid de Agosto
donde se pueden encontrar
un papel en el suelo,
una reja que custodia una ventana,
el resplandor del faro de una bicicleta,
un señor que temeroso cierra tras de sí una cancela.
Y es que el tiempo huye,
los lugares se resisten a cambiar,
pero el amor no escapa.
Es como una ciénaga
en el que uno vive narcotizado
y, de pronto, despierta,
se da cuenta del camino realizado
y construye una oda
al tiempo que no vino,
a la irrenunciable vocación
que surge del amor iniciado.
el secreto del tiempo
que no nos has sido confiado
y
que no está a nuestro alcance,
pero en el que se deposita
una moderada esperanza.
Viviremos. Lucharemos por siempre.
Compartiremos
el fruto cotidiano
juntos, separados, cercanos, distantes,
felices, tristes, encendidos, apagados,
hasta que nuestra valentía no tenga límite,
hasta que nuestra cobardía quede al margen
de este viaje urdido contra la apatia,
contra la desidia y el olvido.
Habitantes de países invisibles
que caben en una caricia,
en una nota escrita y enviada en un sobre,
en el caminar solitario de un viandante
por calles adormecidas
en el estático Madrid de Agosto
donde se pueden encontrar
un papel en el suelo,
una reja que custodia una ventana,
el resplandor del faro de una bicicleta,
un señor que temeroso cierra tras de sí una cancela.
Y es que el tiempo huye,
los lugares se resisten a cambiar,
pero el amor no escapa.
Es como una ciénaga
en el que uno vive narcotizado
y, de pronto, despierta,
se da cuenta del camino realizado
y construye una oda
al tiempo que no vino,
a la irrenunciable vocación
que surge del amor iniciado.
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