Un poema al atardecer

El perro ladra a mi paso
cerca de la cancela de hierro
de la casa
y yo voy a buscar
la bicicleta
debajo del árbol
a la salida del trabajo.


Vengo rumiando tu nombre
y el viento cálido de la autovía
me acaricia
con su excesiva
temperatura.


Bajo por calles
llenas de edificios de oficinas,
y gentes salen de los mismos,
cargadas de expectativas,
con sus agendas repletas
de asuntos tan importantes


Este atardecer
contiene
una ciudad.


Esta ciudad
contiene muchos atardeceres.


Si tu atardecer y el mío
se acercan,
formaremos un atardecer compartido,
construiremos el tiempo tranquilo
que justo sucede ahora.


Si tu atardecer y el mío
se separan,
formaremos un atardecer disjunto,
una espera indescriptible,
un compás que se alarga
pero que tiene sus plazos,
como todo en esta vida.





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