Poemas del locutorio
Cuando hablo con los hijos
por teléfono
y me cuentan su día
es como si estuvieran al otro lado de la avenida
y ésta fuera un océano intangible,
un universo de luces tricolores,
donde también se reúnen el mercurio y el sodio.
Cuando no hablo contigo
ni por teléfono
ni siquiera una nota corta
desde el lugar que habitas
comprendo que nuestra historia
está en el instante en que
el péndulo de los relojes antíguos
se detiene,
y, congelada, como los mares del norte
en invierno,
inexistente como la carta que no entra en el buzón de correo,
pero no desespero.
Lo mejor siempre está por llegar
y vendrá ese día, lo presiento,
en que una mirada tuya,
sea todo mi mundo,
una caricia tuya sea el verso ejemplar,
y en ese universo recíproco
de tibias verdades,
tu nombre sonoro y fulgente,
será para mí armonía
y belleza,
paraíso intuído en una rosa puesta en la encimera.
por teléfono
y me cuentan su día
es como si estuvieran al otro lado de la avenida
y ésta fuera un océano intangible,
un universo de luces tricolores,
donde también se reúnen el mercurio y el sodio.
Cuando no hablo contigo
ni por teléfono
ni siquiera una nota corta
desde el lugar que habitas
comprendo que nuestra historia
está en el instante en que
el péndulo de los relojes antíguos
se detiene,
y, congelada, como los mares del norte
en invierno,
inexistente como la carta que no entra en el buzón de correo,
pero no desespero.
Lo mejor siempre está por llegar
y vendrá ese día, lo presiento,
en que una mirada tuya,
sea todo mi mundo,
una caricia tuya sea el verso ejemplar,
y en ese universo recíproco
de tibias verdades,
tu nombre sonoro y fulgente,
será para mí armonía
y belleza,
paraíso intuído en una rosa puesta en la encimera.
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