Querida ausente (v)
Querida ausente:
Septiembre se acerca
pero todavía queda verano.
Los racimos de uva
serán arrancados de las parras,
y en la culminación
de la vendimia
se fabricará el vino generoso.
Como barcas
que siguen el curso
de ríos limítrofes
con la estación de las hojas
secas
esparcidas por el suelo del bosque urbano,
los días se suceden
con el pulso intermitente
del viento contra sus ramas,
y la ciudad
se pregunta por qué
todo sucede tan deprisa,
porque en julio
hay árboles desnudos
y otoño anticipado.
Será una madurez prematura,
será que la vegetación
se contagia del estrés generalizado,
de un pueblo de la Mancha
cosmopolita,
de una suerte de gigante desquiciado.
Después
de esta introducción al tiempo venidero,
recurro al recurso del tema amoroso,
¿necesario?
Pues el amor
siempre lo es.
Es el alimento del alma
que nos proyecta,
como un cohete,
hacia el futuro.
Nace en nosotros mismos,
y desde nuestra fábrica de circunstancias,
se produce en cantidades verosímiles,
en fragmentos de
cotidiana palabra.
Por eso, querida ausente,
te invoco
desde el verso actual,
desde el posterior
y te aguardo,
desde
esta estación
donde todo es posible,
septiembre, vino, otoño, ciudad, amor,
donde lo anhelado no se atrapa
ni se retiene a la fuerza,
sino que viene de forma pausada y tranquila.
Septiembre se acerca
pero todavía queda verano.
Los racimos de uva
serán arrancados de las parras,
y en la culminación
de la vendimia
se fabricará el vino generoso.
Como barcas
que siguen el curso
de ríos limítrofes
con la estación de las hojas
secas
esparcidas por el suelo del bosque urbano,
los días se suceden
con el pulso intermitente
del viento contra sus ramas,
y la ciudad
se pregunta por qué
todo sucede tan deprisa,
porque en julio
hay árboles desnudos
y otoño anticipado.
Será una madurez prematura,
será que la vegetación
se contagia del estrés generalizado,
de un pueblo de la Mancha
cosmopolita,
de una suerte de gigante desquiciado.
Después
de esta introducción al tiempo venidero,
recurro al recurso del tema amoroso,
¿necesario?
Pues el amor
siempre lo es.
Es el alimento del alma
que nos proyecta,
como un cohete,
hacia el futuro.
Nace en nosotros mismos,
y desde nuestra fábrica de circunstancias,
se produce en cantidades verosímiles,
en fragmentos de
cotidiana palabra.
Por eso, querida ausente,
te invoco
desde el verso actual,
desde el posterior
y te aguardo,
desde
esta estación
donde todo es posible,
septiembre, vino, otoño, ciudad, amor,
donde lo anhelado no se atrapa
ni se retiene a la fuerza,
sino que viene de forma pausada y tranquila.
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