Vendrá la primavera que mereces
Vendrá la primavera que mereces.
Quizás no sea mañana
ni tampoco pasado.
Quizás no sea Madrid
ni ninguna ciudad que conoces.
Pero vendrá la primavera que mereces
y todo el dolor habrá acabado
cuando tus ojos me avisan
de que la lluvia persiste
y de que no hay demasiada esperanza
tras el tunel que tu mirada otorga hacia
la oficialidad.
Queda firmado el salvoconducto.
No habrá entonces un frente de frío polar siberiano
capaz
de congelar tu dicha,
y tu terraza estará llena de flores
como los verdes campos.
Sonarán los trinos
de los jilgueros,
y el río susurrará
al silencio
ajeno a los coches,
al asfalto
y al desorden.
Vendrá la primavera que mereces.
Quizás no sea mañana
ni tampoco pasado.
Quizás no sea Madrid
ni ninguna ciudad que conoces.
Pero vendrá la primavera que mereces
y todo el dolor habrá acabado
cuando tus ojos me avisan
de que la lluvia persiste
y de que no hay demasiada esperanza
tras el tunel que tu mirada otorga hacia
la oficialidad.
Queda firmado el salvoconducto.
No habrá entonces un frente de frío polar siberiano
capaz
de congelar tu dicha,
y tu terraza estará llena de flores
como los verdes campos.
Sonarán los trinos
de los jilgueros,
y el río susurrará
al silencio
ajeno a los coches,
al asfalto
y al desorden.
Vendrá la primavera que mereces.
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