Querida ausente (CXX)
Querida ausente:
El Ebro es un gran compañero
y por su ribera
me refugio entre sus árboles,
el trino armónico de los pájaros,
la soledad
del pedregal
y de la arboleda.
En días de primavera
como el de hoy no hace falta demasiado
para ser feliz.
Tan sólo una carrera contra uno mismo,
una contrarreloj
en la que resistir es la única y ulterior victoria,
donde
el corazón palpita,
el pecho se ensancha,
ambientado con fotogramas del
barrio de las Fuentes,
al sur de Zaragoza.
Podría decir que te extraño
en estas casas anónimas
que visito,
en las que soy un nómada
de habitaciones,
y viajero incansable
en el autobús
pero valoro la suerte
de poder trabajar aquí,
de poder habitar
paréntesis de tranquilidad
con ráfagas de viaje
a Madrid.
Escribe algún día,
cuéntame de tus éxitos, de tus éxodos,
de tus aventuras, y de tus andanzas.
Sabrás que eres bien recibida
en este lugar
de la tarde
donde nos encontramos entre versos.
El Ebro es un gran compañero
y por su ribera
me refugio entre sus árboles,
el trino armónico de los pájaros,
la soledad
del pedregal
y de la arboleda.
En días de primavera
como el de hoy no hace falta demasiado
para ser feliz.
Tan sólo una carrera contra uno mismo,
una contrarreloj
en la que resistir es la única y ulterior victoria,
donde
el corazón palpita,
el pecho se ensancha,
ambientado con fotogramas del
barrio de las Fuentes,
al sur de Zaragoza.
Podría decir que te extraño
en estas casas anónimas
que visito,
en las que soy un nómada
de habitaciones,
y viajero incansable
en el autobús
pero valoro la suerte
de poder trabajar aquí,
de poder habitar
paréntesis de tranquilidad
con ráfagas de viaje
a Madrid.
Escribe algún día,
cuéntame de tus éxitos, de tus éxodos,
de tus aventuras, y de tus andanzas.
Sabrás que eres bien recibida
en este lugar
de la tarde
donde nos encontramos entre versos.
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