Querida ausente (CXXVIII)

Querida ausente:

Los poetas colorean
las tardes con versos naranjas
como el topacio
y los niños intentan
hacer fuego
sobre ramas en los parques
con lupas de plástico.
Después de la fiesta del agua,
toda es la crónica
de un día
donde la calle,
es algo más que una sucesión
de pequeñas batallas ganadas contra el tiempo,
y construcción de la esperanza presente
y futura para los que vienen.
¡Cómo decirte
que ya no hay desierto
y que el susurro de tu voz
podría ser la miel que decorara las horas!
¡Cómo decirte que la herida cicatriza
y que me niego de forma visceral
a ser esclavo de un amor, en la superficie, no correspondido!
¿Para qué seguir engañándome con la canción de ayer
si hoy puedo construir la canción del tiempo actual?
Te amaré pero no así, no así, en este juego de naipes desigual,
donde tú posees todas las cartas.
Déjame escribir estos versos lentos de noche de domingo,
donde la luna es una farola sobre el cielo de la Gran Vía
y puedo decir que me siento cercano a Madrid cuando puedo
sugerir a los viandantes éste u otro camino.





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