Querida Ausente (CXXII)

Querida ausente:

En estos días
de travesía
entre Madrid y Zaragoza,
cuando cambio el arroyo Abroñigal
(aunque soterrado)
por el Huerva o por el Ebro,
tu recuerdo se hace más presente
que nunca,
es crónica e impresión gráfica
de la carencia que supone
el hecho de que te guareces
tras un muro de tiempo
y, por tanto, no te veo.

Pero sé que de alguna manera
sigues ahí,
silente y reservada,
esperando quién sabe
que los relojes
cambien su ritmo.
Diré que esta urgencia
que no es tan urgente,
pero me
conduce
a escribir un número ilimitado
de mensajes en forma
de epístola
con un asunto parecido
y en los cuales
hablo del amor
que te profeso,
de ese amor que calla
y cuando no puede más
estalla como un volcán sobre los versos.



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