Querida ausente (CXXXIII)
Querida ausente:
En esta tarde de tormentas eléctricas,
dispongo el verso
sobre la mesa del taller de estrofas,
agarro el serrucho
y corto justo por la medida hecha.
Entonces el tablón es lijado,
y de la viruta que va al suelo,
hay algo del tiempo que nos queda,
del reloj de arena
se juntan las pesquisas,
tímidos augurios,
tormentas eléctricas
en una Zaragoza,
propia de un avispero aldeano.
El arroyo hiede
y yo lo cruzo por un puente de madera.
El Ebro lo espera con su signo de interrogación.
El puente romano me ha dicho que nos aguarda algún día, de no sé qué año,
y no es urgente definir una fecha,
aunque a mí me va la vida en verte
y de veras que quisiera
abrazarme a tí
para no soltarme
.
Ya sé , es un afecto que raya en la obsesión
pero yo le llamaría más bien evasión,
esa puerta
sin ser fantasía
a recrearte
en el jardín despejado,
donde hemos sido cómplices,
donde representamos una gran obra.
No, no me desconsueles.
No me digas que fue un papel representado.
Tus ojos no mentían en domingo
y yo contaba los minutos
para poder verte.
Veámonos pero no así, como antes.
Veámonos, tú y yo, sin más espectador que nuestra presencia.
No tiene que ser esta ciudad. Elige la ciudad, ¡hay tanto por descubrir!
En esta tarde de tormentas eléctricas,
dispongo el verso
sobre la mesa del taller de estrofas,
agarro el serrucho
y corto justo por la medida hecha.
Entonces el tablón es lijado,
y de la viruta que va al suelo,
hay algo del tiempo que nos queda,
del reloj de arena
se juntan las pesquisas,
tímidos augurios,
tormentas eléctricas
en una Zaragoza,
propia de un avispero aldeano.
El arroyo hiede
y yo lo cruzo por un puente de madera.
El Ebro lo espera con su signo de interrogación.
El puente romano me ha dicho que nos aguarda algún día, de no sé qué año,
y no es urgente definir una fecha,
aunque a mí me va la vida en verte
y de veras que quisiera
abrazarme a tí
para no soltarme
.
Ya sé , es un afecto que raya en la obsesión
pero yo le llamaría más bien evasión,
esa puerta
sin ser fantasía
a recrearte
en el jardín despejado,
donde hemos sido cómplices,
donde representamos una gran obra.
No, no me desconsueles.
No me digas que fue un papel representado.
Tus ojos no mentían en domingo
y yo contaba los minutos
para poder verte.
Veámonos pero no así, como antes.
Veámonos, tú y yo, sin más espectador que nuestra presencia.
No tiene que ser esta ciudad. Elige la ciudad, ¡hay tanto por descubrir!
Comentarios
Publicar un comentario