Querida ausente (CXXVII)
Querida ausente:
El no saber de tí, dejó de doler
El querer saber de tí, hace que la máquina
de la ensoñación se ponga en marcha
y que el proceso
continúe in crescendo
hasta que la razón
coloque cada asunto en su lugar,
equilibre el inicio,
regule la trama,
establezca el desenlace,
fabrique el enredo,
desenrede el enredo,
el nudo prevalezca,
y la nave suelte amarras,
y continúe el rumbo
hasta entrar en el proceloso
mar
que nos separa.
De estas crónicas de ausencia,
he aprendido lo siguiente:
Es inútil explicar
lo que se siente al llamarte ausente,
porque nunca tendrás este nombre
si vives
en mi interior.
El no saber de tí, dejó de doler
El querer saber de tí, hace que la máquina
de la ensoñación se ponga en marcha
y que el proceso
continúe in crescendo
hasta que la razón
coloque cada asunto en su lugar,
equilibre el inicio,
regule la trama,
establezca el desenlace,
fabrique el enredo,
desenrede el enredo,
el nudo prevalezca,
y la nave suelte amarras,
y continúe el rumbo
hasta entrar en el proceloso
mar
que nos separa.
De estas crónicas de ausencia,
he aprendido lo siguiente:
Es inútil explicar
lo que se siente al llamarte ausente,
porque nunca tendrás este nombre
si vives
en mi interior.
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