Querida ausente (CLXXXVII)

Querida ausente:

De acuerdo,
a veces me desespero,
me siento solo
y cargo con todo
contra los muros de la convención,
contra los muros que creo divisar,
pero esos muros no son para tanto.

El amor tiene que ver con las circunstancias
que lo rodean,
con condiciones objetivas
que lo sustentan
(factores que se antojan en esta fase inexistentes),
con condiciones subjetivas
que lo hacen no desaparecer totalmente
.

Si pienso en tí, a veces me pongo triste.
Recuerdo todo o todos los que de tí me alejan.
Pero luego viene la realidad a mostrarme
que eres tú la que se aleja
y los culpados
dejan de ser culpables
y me reconcilio con su imagen en el retrovisor
de un coche que andara invisible
por las calles de mi imaginación.

Si pienso en tí, a veces me pongo alegre,
porque sabes que soy de esa forma
en que creer-creer-creer
es la manera de
conseguir
ese momento
en que invocando
a la armonía
de los gestos
tus ojos se encuentren
con mis ojos
libres de rencor
y reaparezca ese invento
llamado amor.

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