anatomía de un hombre gris

Como si andase por la Lisboa
que, con sus palabras, pintara Pessoa,
tras un Ricardo Reis cotidiano
o tras la sombra de algún árbol del estío
del que
se pudieran desprender
y sacar algunas quadras.

Como si respirara el aroma de la miseria humana,
desgranando caridades que dicen mucho
de ser solidaridades,
desmonto el heptasílabo.

El ser humano,
imperfecto, miserable, ruín
y diáfano,
se atrinchera contra el tiempo
y mira al mar eterno,
al océano insondable,
como un amigo de tiempo
al que se le escucha
con sosiego.




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