El teléfono

Descuelgo el teléfono
de la cabina del locutorio
y al otro lado
del hilo de cobre
que recorre el océano
aparecen, por arte de magia
de la ciencia y la tecnología
de siglos anteriores,
las voces de mis hijos
con su tono habitual.


Me complace comprobar
lo bien que se encuentran
pero la nostalgia me invade
y, entonces,
me siento
como una isla desierta,
como un mero mecanismo
articulado
que emite sonidos,
voces,
y prepara un discurso.


Después de
los lugares comunes,
vuelvo
a la cotidiana alegría
de saberlos a salvo
y a la acostumbrada
melancolía
por tenerlos tan lejos.





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