Tormenta de verano

La tarde se vistió de oscuro
tras los grises edificios
que ocultaban las negras nubes.
Los remolinos de hojas
hicieron su acto de presencia
en calles angostas
y vino la tormenta.
Entonces los gorriones
que buscaban trozos de pan
en los parques, en la primera tarde,
o las palomas que se refugiaban
en caserones derruídos
cuando aparecían las primeras sombras,
seguían teniendo motivos,
ambos grupos,
para su búsqueda o
para su refugio.
Lluvia incesante,
cargada de presagios,
constructora de un orden nuevo,
de un presente
que se hilvana,
a cada paso,
de un viandante solitario
que se aventura
más allá de la línea del horizonte
de un mar urbano
rumbo a la isla donde habita,
pequeño paréntesis
donde eres bienvenida.





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