Marlene vuelve a casa (y 4)
Marlene vuelve a casa
pletórica, contenta, eufórica
y se detiene
en el sofá,
tan sólo un segundo,
repasando
su trayectoria
hasta entonces,
impoluta.
Con su autoestima
por las nubes,
entra en la cocina,
donde suena
la sintonía de la lotería de Navidad,
y las entonaciones de los números
de los niños del colegio de San Ildefonso,
tradicional lugar donde iban los huérfanos
de periodistas.
Se dispone a sentarse a la mesa en
Acto seguido,
tiene lugar la cena de Nochebuena,
verbigracia de la dictadura navideña,
donde se resumen
todas las odas a la familia epistolar
y sagrada.
Pensar
en que la patria está a salvo,
es un goce para el alma.
Suena Bach,
con su castillo fuerte es nuestro Dios,
a partir de Lutero,
ein feste Burg ist unser Gott,
el que no se quebranta,
ni huele a huralita,
ni a tejado que se rompe.
Pero Marlene no tiene la culpa
de que el mundo esté mal repartido
y de que ella haya intentado
tomar la mejor de las decisiones
en pos del ecologismo sentimental.
No es No, aunque sus palabras ambíguas
no lo hayan dicho desde el minuto 1.
Marlene vuelve a casa.
El mundo puede esperar.
pletórica, contenta, eufórica
y se detiene
en el sofá,
tan sólo un segundo,
repasando
su trayectoria
hasta entonces,
impoluta.
Con su autoestima
por las nubes,
entra en la cocina,
donde suena
la sintonía de la lotería de Navidad,
y las entonaciones de los números
de los niños del colegio de San Ildefonso,
tradicional lugar donde iban los huérfanos
de periodistas.
Acto seguido,
tiene lugar la cena de Nochebuena,
verbigracia de la dictadura navideña,
donde se resumen
todas las odas a la familia epistolar
y sagrada.
Pensar
en que la patria está a salvo,
es un goce para el alma.
Suena Bach,
con su castillo fuerte es nuestro Dios,
a partir de Lutero,
ein feste Burg ist unser Gott,
el que no se quebranta,
ni huele a huralita,
ni a tejado que se rompe.
Pero Marlene no tiene la culpa
de que el mundo esté mal repartido
y de que ella haya intentado
tomar la mejor de las decisiones
en pos del ecologismo sentimental.
No es No, aunque sus palabras ambíguas
no lo hayan dicho desde el minuto 1.
Marlene vuelve a casa.
El mundo puede esperar.
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