Las palabras ambíguas

El problema no estriba a veces
en palabras ambíguas,
dichas por las gentes,
pues las palabras son dúctiles y maleables,
como nos decían los maestros de los metales,
cuando están a alta temperatura.

Quizás sea el problema
el de las actitudes ambíguas,
ese todo para mí pero sin tí,

mientras sé
que estás a mi merced
y no abandonarás
esa prisión de amor sin mi permiso.

Porque el amor, mis camaradas,
no es una prisión
aunque
los condenados
a veces vaguen
por sus celdas
como enfermos terminales
a punto de fenecer
tras el hálito que propone
la tibia llama de una vela

en la víspera
de una ejecución.

Las palabras ambíguas
se clavan como puñales lentos
y los destinatarios
beben de los venenos
malditos
que éstas rezuman.

Como resumen,
les diré
que las palabras ambíguas hacen daño,
pero son las actitudes ambíguas
las que finalmente matan
porque inauguran una tendencia.

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