El rey está sitiado.
El rey está sitiado,
agoniza tras su muralla defensiva.
En su trono,
oropeles lo resguardan,
terciopelos lo cobijan,
un veneno insidioso
yace vertido en su copa.
El rey está solo.
Y es una soledad
ganada a pulso,
porque su maldad y su egoísmo
son tan grandes,
que ha merecido
semejante castigo.
Héctor, el domador de caballos,
lanza la contraofensiva.
La gente congregada en torno a él
lo aclama,
y él henchido de gozo y de orgullo,
se siente satisfecho
de tamaña hazaña.
El rey está sitiado
pero...
¿Es de veras el rey?
¿O quizás este príncipe troyano anda confundido?
¿Le preguntaron al hipotético rey si aprueba
la palabra Monarquía?
El rey está sitiado, está malherido.
Antagonistas en las sombras
se sonríen cómplices
y esquivos.
El acto está perpretado. Viva la involución
y abajo los herejes malditos.
agoniza tras su muralla defensiva.
En su trono,
oropeles lo resguardan,
terciopelos lo cobijan,
un veneno insidioso
yace vertido en su copa.
El rey está solo.
Y es una soledad
ganada a pulso,
porque su maldad y su egoísmo
son tan grandes,
que ha merecido
semejante castigo.
Héctor, el domador de caballos,
lanza la contraofensiva.
La gente congregada en torno a él
lo aclama,
y él henchido de gozo y de orgullo,
se siente satisfecho
de tamaña hazaña.
El rey está sitiado
pero...
¿Es de veras el rey?
¿O quizás este príncipe troyano anda confundido?
¿Le preguntaron al hipotético rey si aprueba
la palabra Monarquía?
El rey está sitiado, está malherido.
Antagonistas en las sombras
se sonríen cómplices
y esquivos.
El acto está perpretado. Viva la involución
y abajo los herejes malditos.
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