Pluralidad y procesos participativos
La palabra participación está de moda. Participar, unirse, juntar fuerzas, formar un grupo para construir proyectos y que todo avance sin demasiados sobresaltos ni demasiadas voces disonantes. No es fácil. Sabemos que no lo es pero las organizaciones tienden a convertirse en pequeños reinos de Taifas donde existe un conjunto de personas que hacen de élite dirigente en pos de la eficacia, y del pragmatismo de la cuestión productiva. Politburos que censuran y filtran, que se guardan el derecho a veto y no hablamos de una teoría conspiratoria. Invitados al banquete de lo público, donde unas siglas pueden convertirse en el salto a la fama, que en un inicio fue sin ánimo de lucro, ambiciosos y ambiciosas personajes que quieran hacer de la política vecinal un espacio donde progresar como seres sociales. Sé que son simples grupos de influencia, de lobbys que actúan siguiendo la línea de un partido político o estructura de poder que los financia, o por cuenta propia para dibujar un cuadro con estilo naïf.
En dichas organizaciones cuando no existe quorum, cuando no hay consenso se utilizan palabras como pluralidad. Queda muy bien en las frases y combina con casi todo pero nadie sabe definirla con rigor y todos y todas se quedan pensando en otras que engarzen bien: Diversidad, empatía, amplitud de horizontes.
La asepsia se instala y los indiferentes escapan por las rendijas del sistema amurallado balbuciendo sus dudas, estructurando sus perfidias, malinterpretando sus contraataques. La discordia está sembrada y, como siempre, será el pueblo, la clase obrera, la que pague el banquete de los pudientes sin haberse llevado una pizca del néctar ni de la ambrosía que los dioses ponen a la mesa en virtud del jerarca de este Olimpo cotidiano llamado el dios Dinero.
¿De qué se trata la pluralidad? ¿Qué es participar?
¿Necesitamos revisores y revisoras de tren? ¿Necesitamos guardianes de la palabra? ¿Colocadores y colocadoras de asientos en la película de una gran corporación? O... ¿Ser simplemente pueblo y construir desde los cimientos de una cultura generosa y altruísta que contraataque la orquesta del capital barrio a barrio, asociación por asociación?
Rodeadas de estas circunstancias, las gentes desconfían de las actividades gratuítas y no remuneradas. Se pide profesionalización. En nuestra sociedad titulizada, se piden certificados...
Nuestra sociedad está enferma de la llamada titulitis.
Le preguntan a un aspirante a formador cualquiera: ¿Ha cursado Usted el programa directamente de magisterio?
La respuesta inmediata de Laurentino García (casi profesor de instituto) es que no, pero ha asistido a seminarios para la formación del profesorado en secundaria y ha leído por su cuenta en un ejercicio de autoformación diferentes fuentes que podrían darse por bien vistas para el desarrollo de actividades infantiles y en sus pequeñas apariciones en la escena de los profesores particulares y de la creación de talleres las ha puesto en práctica con diferentes resultados experimentales.
En dichas organizaciones cuando no existe quorum, cuando no hay consenso se utilizan palabras como pluralidad. Queda muy bien en las frases y combina con casi todo pero nadie sabe definirla con rigor y todos y todas se quedan pensando en otras que engarzen bien: Diversidad, empatía, amplitud de horizontes.
La asepsia se instala y los indiferentes escapan por las rendijas del sistema amurallado balbuciendo sus dudas, estructurando sus perfidias, malinterpretando sus contraataques. La discordia está sembrada y, como siempre, será el pueblo, la clase obrera, la que pague el banquete de los pudientes sin haberse llevado una pizca del néctar ni de la ambrosía que los dioses ponen a la mesa en virtud del jerarca de este Olimpo cotidiano llamado el dios Dinero.
¿De qué se trata la pluralidad? ¿Qué es participar?
¿Necesitamos revisores y revisoras de tren? ¿Necesitamos guardianes de la palabra? ¿Colocadores y colocadoras de asientos en la película de una gran corporación? O... ¿Ser simplemente pueblo y construir desde los cimientos de una cultura generosa y altruísta que contraataque la orquesta del capital barrio a barrio, asociación por asociación?
Rodeadas de estas circunstancias, las gentes desconfían de las actividades gratuítas y no remuneradas. Se pide profesionalización. En nuestra sociedad titulizada, se piden certificados...
Nuestra sociedad está enferma de la llamada titulitis.
Le preguntan a un aspirante a formador cualquiera: ¿Ha cursado Usted el programa directamente de magisterio?
La respuesta inmediata de Laurentino García (casi profesor de instituto) es que no, pero ha asistido a seminarios para la formación del profesorado en secundaria y ha leído por su cuenta en un ejercicio de autoformación diferentes fuentes que podrían darse por bien vistas para el desarrollo de actividades infantiles y en sus pequeñas apariciones en la escena de los profesores particulares y de la creación de talleres las ha puesto en práctica con diferentes resultados experimentales.
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