Un ajedrez de huídas, manipulaciones y silencio
(...) Así había sido siempre la parte de su vida vinculada a Lucrecia: un ajedrez de huidas y de taxis, un viaje nocturno por el espacio en blanco de lo nunca sucedido.
(...)
El invierno en Lisboa. Antonio Muñoz Molina Pág. 74
Porque lo que sucede,
no se explica
y simplemente ocurre.
Contigo la hoja en blanco
se llenaba de versos.
Todavía hoy
renueva su vínculo
con la palabra
que persiste
en completar la estrofa,
como el corredor de fondo
se afana
por no decaer en el ritmo
antes de llegar a la meta.
¿Qué es la meta?
La meta no es un cuerpo,
ni siquiera besar unos labios,
la meta no es yacer bajo cualquier pretexto,
la meta
es algo más que un puerto
de mar
donde mis barcos pueden atracar
y reposar
para después reanudar la travesía.
La meta no es encontrar el amor-objeto.
La meta es el viaje.
La construcción del amor
desde el origen,
que en el laberinto de la ciudad,
busca los vestigios de lo nunca sucedido...
Porque nunca sucedió... ¿no es cierto?
O tal vez sí...
Faltan para cerrar el círculo,
las cartas de amor,
el ajedrez de taxis,
porque el de huídas
sí que estuvo presente.
Se nos olvidó
poner algo más que una nostalgia
sobre nuestros nombres
y no culpar al tiempo.
La parte más vulnerable de nuestra historia
estuvo siempre protegida, está protegida,
siempre lo estará.
Mientras tanto,
se ha hecho el silencio.
No das señales de vida.
En esta segunda adolescencia,
todo cobra sentido
y no interpretaré más
el papel de abandonado,
al igual que mi madre solía hacerlo
en sus cartas de amor a mi padre,
otra crónica de amor
no correspondido.
(...)
El invierno en Lisboa. Antonio Muñoz Molina Pág. 74
Porque lo que sucede,
no se explica
y simplemente ocurre.
Contigo la hoja en blanco
se llenaba de versos.
Todavía hoy
renueva su vínculo
con la palabra
que persiste
en completar la estrofa,
como el corredor de fondo
se afana
por no decaer en el ritmo
antes de llegar a la meta.
¿Qué es la meta?
La meta no es un cuerpo,
ni siquiera besar unos labios,
la meta no es yacer bajo cualquier pretexto,
la meta
es algo más que un puerto
de mar
donde mis barcos pueden atracar
y reposar
para después reanudar la travesía.
La meta no es encontrar el amor-objeto.
La meta es el viaje.
La construcción del amor
desde el origen,
que en el laberinto de la ciudad,
busca los vestigios de lo nunca sucedido...
Porque nunca sucedió... ¿no es cierto?
O tal vez sí...
Faltan para cerrar el círculo,
las cartas de amor,
el ajedrez de taxis,
porque el de huídas
sí que estuvo presente.
Se nos olvidó
poner algo más que una nostalgia
sobre nuestros nombres
y no culpar al tiempo.
La parte más vulnerable de nuestra historia
estuvo siempre protegida, está protegida,
siempre lo estará.
Mientras tanto,
se ha hecho el silencio.
No das señales de vida.
En esta segunda adolescencia,
todo cobra sentido
y no interpretaré más
el papel de abandonado,
al igual que mi madre solía hacerlo
en sus cartas de amor a mi padre,
otra crónica de amor
no correspondido.
Comentarios
Publicar un comentario