Viajeros nocturnos
Viajeros nocturnos
bajo la niebla, la lluvia y el viento frío
de diciembre
en autobuses
que recorren carreteras mal iluminadas
y coloreadas
por las luces de neón
de las fábricas, de los restaurantes
y de los hostales,
islas
donde paran
aves de paso
en nidos con forma de alcoba
.
Almas acostumbradas al tránsito,
héroes anónimos y heroínas anónimas
que resisten el paso del tiempo
dormitando,
acurrucados en asientos
que ofician de lechos improvisados.
De madrugada todavía,
entran en la gran metrópolis,
sin ser vistos ni observados.
Pasan desapercibidos
y buscan los trenes para continuar
su travesía
o reposan en lentas cafeterías
donde se amontonan
en las barras
a la espera de un café
que les levante el ánimo
tras un despertar incómodo.
La ciudad los espera
para que entren
en el laberinto cotidiano,
en el sube y baja interminable
de escaleras y puertas mecánicas
que no les hacen necesariamente
la vida más amable.
Sin arrepentirse, bregan
hasta el anochecer
y algunos viajan a otros lugares.
Las calles son la pasarela
hacia la incertidumbre del presente.
bajo la niebla, la lluvia y el viento frío
de diciembre
en autobuses
que recorren carreteras mal iluminadas
y coloreadas
por las luces de neón
de las fábricas, de los restaurantes
y de los hostales,
islas
donde paran
aves de paso
en nidos con forma de alcoba
.
Almas acostumbradas al tránsito,
héroes anónimos y heroínas anónimas
que resisten el paso del tiempo
dormitando,
acurrucados en asientos
que ofician de lechos improvisados.
De madrugada todavía,
entran en la gran metrópolis,
sin ser vistos ni observados.
Pasan desapercibidos
y buscan los trenes para continuar
su travesía
o reposan en lentas cafeterías
donde se amontonan
en las barras
a la espera de un café
que les levante el ánimo
tras un despertar incómodo.
La ciudad los espera
para que entren
en el laberinto cotidiano,
en el sube y baja interminable
de escaleras y puertas mecánicas
que no les hacen necesariamente
la vida más amable.
Sin arrepentirse, bregan
hasta el anochecer
y algunos viajan a otros lugares.
Las calles son la pasarela
hacia la incertidumbre del presente.
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