Conquistar la hegemonía

Cualquiera que lea el título de este poema
creerá que es algo más que un poema,
pero no tengo tantas pretensiones.
Conquistar la hegemonía es lo que tratan muchos y muchas
en sus relaciones con otros seres humanos.
No se trata de una relación de igualdad sino de una relación
en la que uno debe asumir la moral del invasor.
Frente a ésto,
cabe decir
que cuando ésto sucede,
la interacción entre ambas personas
se empobrece y
el clientelismo hace acto de presencia
bajo la extraña apariencia
de una especie de experiencia democrática.

Cuando liberados de toda atadura,
asumimos el rol de compañeros y compañeras,
no hay cadena que nos relegue
al seguidismo y al papel de esbirros.

Ésto sucede, en ocasiones, cuando uno llega nuevo
a una colectividad extraña y que no comprende
en un inicio.

Para garantizar una mínima estabilidad dentro de la misma,
decide llevar a cabo un plan de acción,
desligado de todo lo anterior,
no escucha ni aprueba los métodos anteriores,
¿acaso existen?

Algunos se dedican a acotar .
Esa es la labor que aprendieron.
No saben proponer sino delimitar.

Otros, sin embargo, se disponen a formular nuevos instrumentos,
incluso a buscarle límites a la generosidad sin límites,
al altruísmo como forma de expresión.

Los más críticos lectores dirán que no existe un
altruísmo completo, y quizás tengan razón
pero el altruísmo es virtud, señores y señoras,
y sólo los espíritus elevados son capaces
de diferenciarlo.

Por tanto, ¿para qué gastar el tiempo
en misiones evangelizadoras ajenas a la religión
cuando éstas son rechazadas por un sector casi mayoritario
de gentes que ven con malos ojos
la presencia de nuevos mecanismos en la educación?

Hacer un análisis de la realidad es interesante entonces,
y proponer las vías
en lugares y espacios en los que sean proclives estas iniciativas
es más certero.

El error
es más instructivo que el acierto,
y debemos equivocarnos mucho
para aprender.

¡Equivoquémonos, pues!





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